Simeone se equivocó en el discurso

Martín Onti: El turno de Arda Turan

MADRID, España.- Excusarse en nombre del fútbol en el: 'Hasta la expulsión de Arda teníamos el partido donde queríamos', no me parece lo apropiado para defender una causa perdida, eso sí, desde la perspectiva acusatoria que deviene de defender el buen juego, ese que dice que los partidos se ganan con goles y teniendo en cuenta que prioritariamente para ello se debe atacar hacia la portería adversaria.

Así, con esa corta sentencia que encierra el mundo del fútbol que abraza y defiende Diego Pablo Simeone, el entrenador del Atlético de Madrid ha intentado justificar a un equipo que a lo largo de los dos encuentros de eliminatorias de cuartos de final de la Champions League no hizo otra cosa que defenderse, cerrar espacios, apostar a la descomposición anímica del rival, y encomendarse a la fortuna que en buena hora se le negó.

Esta vez la muy justificada expulsión del turco Arda Turan, le ha servido al estratega argentino para excusar su propia causa, esa del fútbol rácano, especulativo y medroso que sus escuadras practican. El fango del enredo, de la lucha, de la descomposición de lecturas claras del juego, y la esquiva suerte a la que se encomendó el ‘Cholo’ Simeone no le ayudaron esta vez, como en otras ocasiones, a conseguir un triunfo que desde el sentido común de un buen nivel futbolístico estuviese de parte de la entidad colchonera.

No diré que el Real Madrid jugó bien ante el ‘Aleti’, de hecho, su producción apenas si pasó de regular, pero, con eso le bastó para derrotar al linchamiento del juego que pretendió Simeone. Con ausencias considerables -Marcelo, Modric, Benzema, y Bale- el equipo de Carlo Ancelotti tuvo una actuación que apenas alcanzó para rozar la mediocridad, y con muchas razones para pensar que si anoche se hubiese presentado cualquiera otra divisa con intenciones ofensivas, el Madrid hubiese quedado en la cuneta del torneo más trascendental del mundo a nivel de clubes.

Ciertamente es tiempo de recapacitaciones en el balompié europeo, de repasar calendarios tan espesos como caprichosos, de medir prioridades que exige el mundo de ese espectáculo, y, fundamentalmente, de no elevar a categorías inmerecidas a usurpadores del fútbol, ese que se juega con un balón y dos porterías en donde se marcan los goles de la victoria real, esa que está más cercana a la verdadera gloria de este deporte.

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