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Martín Onti: El hoy de Messi

MADRID, España.- Tanto se ha hablado de Lionel Messi a todo nivel, que poco nos queda por agregar, sobre todo, desde el punto de vista meramente futbolístico. Sin embargo, el "10" del Barcelona no es solamente un jugador de fútbol. No se le puede acartonar en el análisis simple de relacionarlo sólo con el balón y lo que el argentino genera desde su aporte para el conjunto catalán, o para la Selección Argentina, sin tener en cuenta otros aspectos tan o más cruciales que forzosamente pasan desde hace un buen tiempo por su vida.

 

Esta etapa por la que atraviesa "La Pulga" tiene sus particularidades y sucede que, a muchos de nosotros nos ha ocurrido en algún momento, no es posible llevar a cabo una tarea de manera cotidiana cuando nuestras cabezas están en otra sintonía de nuestra actividad principal, en este caso para Messi: Jugar al fútbol.

Digo esto porque a raíz de la mayor filtración periodística de la historia a día de hoy, dada a conocer públicamente ayer y en la que ha participado un Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, donde aparentemente se pone en jaque nuevamente a Lionel Messi y a su padre, además de hacerlo con 140 políticos y funcionarios de todo el planeta, entre ellos 12 antiguos y actuales líderes mundiales entre los que figuran los primeros ministros de Islandia y Pakistán, el presidente ucraniano, el rey de Arabia Saudí, y el nuevo presidente argentino, y ex mandamás del club Boca Juniors, Mauricio Macri.

 

La razones, con cierto alto grado de compromiso marginal de resultar tales acusaciones una verdad irrefutable, resultarían de mucha preocupación para el Clan Messi, cuyos protagonistas tomaron conocimiento del tema el día del clásico Barça-Madrid en el Camp Nou.

Con esta sensación de agobio sobre sus espaldas, es incomprensible pedir que alguna persona pueda desempeñar funciones como si nada hubiese pasado y, quiérase o no, exigir que se pueda ejecutar un trabajo como de costumbre a sabiendas que bajo estas condiciones las prioridades cambian incuestionablemente en el parecer personal.

Si a todo este serio inconveniente a que se enfrenta el hoy mejor futbolista del mundo le agregamos las responsabilidades que por ello absorbe, la ecuación debería ir por el lado de auto-convencernos que Lionel Messi no es un Superhombre.

En el cierre de la temporada, y con todo por ganar aún, Luis Enrique Martínez deberá hacer un curso acelerado de psicología para rescatar a la entidad sin olvidarse de Messi, un simple mortal más entre nosotros.

Martín Onti

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