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El Honor de Iván ‘Pichu’ Cuéllar

Martín Onti: El Honor de ‘Pichu’ Cuéllar

MADRID, España.- Hasta que alguien se decidiera a hablar claro sobre el daño que la prensa amarilla le produce al fútbol, pasó el tiempo considerable que necesitó la paciencia de Iván ‘Pichu’ Cuéllar para explotar en contra del periodismo deportivo español vestido de sensacionalismo barato. 
 
Este pasado fin de semana, en una conferencia de prensa posterior al encuentro que el Sporting de Gijón perdiese en Riazor ante el Deportivo La Coruña, el portero habló claro sobre las falsas acusaciones que, calumniosamente, un periodista de su misma tierra asturiana le achacaba al bajar del autobús que condujo a los de Abelardo al estadio coruñes. Según el informador, Pichu Cuéllar miró de manera amenazadora y desafiante a la parcialidad que les recibió, sin percatarse aquel que en realidad el meta sportingista observaba con preocupación a un aficionado en estado epiléptico sin ayuda inmediata.
 
 
Hasta aquí el relato de los acontecimientos tal cual comprobadamente sucedieron. Ahora nos toca imaginar primero, el calvario que vivió Cuéllar tras la gran primicia que se daba a conocer, luego, medir el desprestigio posterior de un vándalo del fútbol que debía ser castigado, y como corolario, la gloria de la noticia conseguida en base a imaginaciones cercanas a la demencia informativa.
 
No es la primera vez que hechos de esta magnitud ocurren en el mundo del fútbol, me refiero a la audacia de arriesgar una mentira como verdad y esperar que el perjudicado permanezca en el silencio que otorga la placentera sensación de convertir a un embustero en estrella del momento.
 
 
Pero, para ser más explícitos, uno debería tirar de datos que vienen de las raíces en que se cocina la prensa deportiva en España – como también en tantos otros lugares del mundo- y en donde los ejemplos sirven para que estos señores con obleas de libre sentencia comunicativa desprestigien la credibilidad de la profesión. 
 
Siempre he dicho que la prensa rosa, tan tremendista como desalmada, no repara en cerciorarse mínimamente de lo que se dice lleva la certeza de los hechos por bandera, ni menos aún medir el alcance de los daños que esa mezcla de falacia y divismo ocasiona en el calumniado de turno.
 
 
La culpas deben medirse, también, por el consentimiento que los medios otorgan gratuitamente en esta sociedad a quienes crean situaciones ficticias y se olvidan del respeto que bien clama en falta ‘Pichu’ Cuéllar.
 
 

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