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El orgullo herido del Barça, como entidad de una región en constante rebeldía, se podría relacionar, que no congeniar, con la reacción de sus dirigentes, jugadores y aficionados.

Martín Onti: Desavenencias en Mestalla

MADRID, España.- No significa ahora que el partido frente al Valencia en Mestalla haya significado un antes y un después para el Barcelona ni para la RFEF. Nada tiene que ver este juego para haber creado las expectativas que pululan en cada medio nacional y en muchos otros alrededor del mundo. De malos comportamientos se habla, tras las escenas que sobre el final del encuentro se produjeron para justificar reacciones posteriores de uno y otro lado.
 
Desde el catalán, el consabido enfado por las declaraciones del presidente de La Liga de Fútbol Profesional, Javier Tebas, haciendo hincapié en la falta de honestidad de algunos jugadores azulgranas, que simularon haber sido alcanzados por esquirlas de una MOAB al festejar el penal convertido por Lionel Messi y que significó el angustioso triunfo culé a orillas del Turia.
 
Desde la Federación, avalando tácitamente al Comité de Competición y a Tebas por haber tratado de ridículos y descalificando por sí solos a ese ramillete de futbolistas del Barcelona, no se ha indicado un voto favorable a la queja de Josep Maria Bartomeu, el mandamás blaugrana, para proceder con su caprichoso pedido que conduzca a un descargo considerable de culpas.
 
El orgullo herido del Barça, como entidad de una región en constante rebeldía, se podría relacionar, que no congeniar, con la reacción de sus dirigentes, jugadores y aficionados, en la exigencia de unas disculpas impropias de los hechos que prueban imágenes irrefutables que no se quieren aceptar.
 
No peor posicionado pretende quedar el maltrecho honor del máximo estamento del fútbol español, que no quiere dar su brazo a torcer ante los requerimientos del actual campeón, accediendo a pedir unas disculpas que suenan más a un rendimiento de cuentas que a un reconocimiento de errores en la administración de la justicia deportiva.
 
De resultado todo un espectáculo circense se ha puesto en funcionamiento donde todas y cada una de las partes buscará posicionarse en defensa de sus propios intereses. Las desavenencias se nos ocurren, a esta altura de las circunstancias que vive España, como país, más admisibles desde una perspectiva política que desde la que contempla un balón de fútbol.
 

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