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Martín Onti: "De triunfos y fracasos"

MADRID, España.- El Barcelona acaba de sumar la vigésimo cuarta liga a sus vitrinas. Su centrodelantero Luis Suárez ha sido el goleador del torneo con 40 goles. El próximo día 22 juega la Final de la Copa del Rey ante el Sevilla y podría ganar, quizás, su vigésimo octavo trofeo copero. Sin embargo, dudo que en el vestuario, en ese lugar íntimo de las verdaderas sensaciones, el Barça se sienta feliz en plenitud.

La eliminación en semifinales de la Champions League ante el Atlético de Madrid, aún escuece en ese foro interno que retrata al conjunto azulgrana. La importancia de los trofeos locales, en caso de obtener la segunda competición del fútbol nacional, poco hacen para alcanzar esa dicha total que el equipo visualizaba antes de enfrentar a los del Diego Simeone en Europa.

Al Campeón de Liga, sobre el final de la temporada, apenas si le ha alcanzado con unos cuantos hombres de testosteronas bien acomodadas para lograr un título que ya era suyo mucho antes de llegar a estas instancias postreras.

Sus porteros Bravo y Ter Stegen cumpliendo cuando les ha tocado actuar, mucho de Mascherano y poco de Piqué, escaso de Busquets, y mucho, muy mucho de Suárez, le han alcanzado para lograr reflotar sobre las postrimerías de la Liga el objetivo secundario, teniendo en cuenta que el primario se esfumó vestido de rojiblanco hace ya un buen par de semanas.

A partir de aquí, demasiados son los cuestionamientos que en Can Barça se deberían de hacer apuntando a la venidera campaña y tener en cuenta que una vez que pase la falsa alegría de los festejos, habría que ponerse a diagramar los objetivos que vienen.

El primordial, trata la continuidad de un hombre que, se diga lo que se diga, no es aceptado por la gente de peso en el vestuario culé. Luis Enrique Martínez sabe que los ‘líderes’, que siempre existen en un club como el Barcelona, donde no le profesan la simpatía debida.

El secundario, en el capítulo de la compra-venta de futbolistas, es de obligada revisión estratégica por parte de la directiva blaugrana, y donde muchos nombres tienen que ser estudiados para las salidas y entradas al equipo; decidiendo entre algunos que no pueden ser considerados de utilidad para un futuro y quienes podrían servir para adaptarse al irrenunciable juego del conjunto catalán.

Se acaba de obtener la Liga, se puede conseguir la Copa del Rey, sin embargo, la pérdida de la opción a ganar la Champions League es el fracaso de una institución que debe dar mejor cuenta de las expectativas que ella misma crea.

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