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Martín Onti: De Exportación

BARCELONA, España.- En las últimas décadas, los aficionados argentinos, las "barras" populistas creadas por la pasión que encierra el fútbol en aquel país sudamericano, han desarrollado una fama que va mucho más allá de las propias fronteras y que han sabido comercializarse llegando a lugares como México y España, para ser incorporados a entidades que vieron esta veta como favorable para insuflar apoyo a sus clubes desde la grada.

 

Desde el punto de vista deportivo, nunca me pareció mal contar con la modernización del concepto de seguidores a sueldo que ostentan en Estados Unidos, por ejemplo, donde otros deportes como el baloncesto, valorizan el espectáculo que se centra en la actuación de las ‘cheerleders’ durante la velada, donde aquellas porristas son ya parte necesaria de los eventos y del incorporado adhoquismo local.

Pero, trasladando dicho concepto a los estadios donde la que intenta gobernar es la pelota de fútbol, debemos anteponer formas a trasfondos y en ello la expresión de las tribunas es la que delimita la gestión de incorporar a esas masas alentadoras para provecho de sus equipos.

 

Ese origen proveniente precisamente de Argentina volvió a mostrar en el estadio de Yokohama, Japón, que el apoyo pintoresco, ocurrente, e incondicional de casi 30.000 personas a favor de River Plate ante el FC Barcelona, fue la mejor herramienta de peso con que contó el conjunto de Marcelo Gallardo para discutir un partido que perteneció entera y futbolísticamente a los de Luis Enrique Martínez.

Sin embargo, todo ese "glamour" que pintaban a los aficionados argentinos como agradable parte del todo que intenta ser el espectáculo del fútbol, se vio teñido por los bajos instintos que el ser humano evidencia bajo estados límites. Tras la derrota ante los catalanes, los insultos a Javier Mascherano y a Lionel Messi, escupitajos mediante para "La Pulga", por ser en apariencia traidores a su patria, pone en la picota a gente que en Argentina debe respetar un militarizado régimen de concurrencia a los estadios para salvaguardar el orden y respeto que no tuvieron en Japón, más allá de las disculpas posteriores de la institución sudamericana.

Martín Onti

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