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Martín Onti: Cuando se deja de amar

MADRID, España.- Toda la vida deportiva en el club de sus amores y en tiempos en que la fidelidad es cosa de muy pocos, sólo de aquellos convencidos que ‘ni el dinero, ni el señor’, como decía el canta-autor Paco Ibañez, cambian la suerte final de cada uno. Sin embargo, las épocas modernas parecen influir para que hombres de férrea nobleza, como creíamos era Xavi Hernández, decidan cambiar de aires dejando a su bienamado Barcelona atrás en búsqueda de las ‘pirandellianas’ luces encantadas de la pujante Qatar.

Nadie podría imaginar con certeza qué es lo que pasa por los pensamientos del ser humano a ciertas alturas de sus trayectorias y menos todavía cuando tras 504 partidos oficiales en la Liga de España con la playera del Barça la fidelidad se quiebra. El honor, nimiedad de los tontos que sólo lo conocen a este altísimo y selecto nivel sólo otros tres futbolistas, queda así en eterna duda.

Xavi Hernández, que es el cuarto español que accede al selecto club de los más de 500 partidos en Liga defendiendo los colores de un único club tras Manolo Sanchís, Raúl González Blanco, e Iker Casillas, que los alcanzaron jugando para el Real Madrid, quedaría al límite del adulterio futbolístico si emigrar es su elección final.

No destacaremos ahora sus cuantiosas e innegables cualidades, ni los dotes de liderato sobre sus compañeros, porque poco es lo que podríamos agregar al desempeño deportivo del adalid blaugrana que no haya sido demostrado por sus estadísticas personales. Más allá de esos escalofriantes números, queda el amor por la camiseta que cada uno trata como puede… Y aquí, no entiendo la contemporaneidad del mundo.

De esos grandes jugadores españoles que superaron la cifra de los 500 partidos en el fútbol español, si se va Xavi, sólo quedarían 2 con la auténtica posibilidad de ser únicos en su especie. Si el capitán del conjunto azulgrana decide partir definitivamente al Al-Saad catarí, el honor de Manuel Sanchís y de Iker Casillas les mantendrá en la sagrada comunión, y si Casillas renuncia a ella al final del presente torneo, ya Manolo será el omnipresente representante del verdadero y consolidado amor por una camiseta.

Tiempos actuales, modernos, que no sé cómo repeler para sostener mi oxidada creencia en que la fidelidad todavía existe, que el verdadero amor puede superar al interés por el dinero.

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