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Martín Onti: Como en el "futbolito"

MADRID, España.- Recuerdo que fui a una cita laboral allá por el año 2003. El entrevistador, perdido en un rincón de su escritorio ubicado en un amplio salón vidriado con vista al mar, me recibió con alegría inusual. De trabajo sólo hablamos 3 minutos antes de pasar al mismo centro de la sala donde tenía, a manera de santuario, una impolutamente cuidada mesa de "futbolito". Tal cual como si fuese un ritual de la entrevista, me condujo a disputar un partidillo al primer gol.
 

Al saque de la pelotita blanca al medio, le siguió el toque hacia atrás, y de inmediato el consiguiente disparo con el portero para el gol que le dio la victoria a quien podría haber sido mi "jefe". No volví a saber nada más de él, ni jamás volví a llamar para conocer lo que ya sabía al salir de aquel "estadio oficinesco".

 

 
El portero con su disparo del otro extremo de la mesa me había vencido inexorablemente. La moraleja de aquella entrevista la encontré al volver a casa cuando me senté frente al televisor para ver un partido de fútbol donde, sobre el final de su carrera, jugaba el mexicano Jorge Campos.
 
Campos Navarrete fue el primer portero-jugador que puedo decir he visto en mi vida. He podido ver a otros "aventureros" del puesto, pero no a alguien como al acapulqueño que le cambiara el argumento al juego, porque inclusive en ocasiones pasaba a jugar de centro delantero en un partido en el que había iniciado bajo los tres palos.
 
El listado de porteros de aquella ya casi lejana época, con actitudes y aptitudes similares que podríamos enunciar, es considerable, sin embargo, en mi consideración personal, ninguno de ellos tuvo las particularidades del "Brody" Campos.
 
El argentino Hugo Orlando Gatti, el colombiano René Higuita, y el paraguayo José Luis Chilavert fueron las figuras más emblemáticas, por entonces, de aquellos "locos" que quisieron reinventar la posición desde su individualidad. En el fondo, más para el lucimiento personal que para el beneficio del equipo, ninguno de ellos logró desde el punto de vista estratégico opacar la verdadera intención del mexicano.
 
Mal le pese a quien despotrique en contra de ello, el portero es parte de ese juego total que idealizó Jorge Campos. Nadie podría negar en el fútbol moderno, por ejemplo, que el 4-4-2 es ahora un 1-4-4-2, ni que el 3-5-3 un claro 1-3-5-3. De no creerlo así, sólo hay que ver encuentros del Barcelona desde aquellos remotos y felices días de Víctor Valdés.

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