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Martín Onti: Botellazo de razones

BARCELONA, España.- Puede que todo el estamento dirigencial del FC Barcelona tenga razón acerca de la antipatía por los culé que el presidente de la Liga, Javier Tebas, siente por ellos, pero, de allí a que las declaraciones de Tebas, tratando de simuladores a los jugadores del Barça, no contengan una razón justificada de sus palabras, dista toda una verdad en sí misma.
 
El gran revuelo mediático que originó la botella de agua lanzada en Mestalla contra el grupo que festejaba el tercer gol culé, y a la postre definitivo tanto que le daba la agónica victoria ante el Valencia, trajo aparejado un sin fin de criticas hacia uno y otro bando. Hacia los locales por el claro mal comportamiento de sus parciales y hacia los futbolistas azulgranas por fingir ostensiblemente de un daño que no lo era… las imágenes son evidencia irrefutable de ambos actos erróneos.
 
Sin embargo, y con el objetivo de no para salir en defensa de nadie que no sea el dueño de la razón, deberíamos abstenernos de los dichos y ampararnos en los hechos. Arrojar elementos desde las gradas es un despropósito que no puede contemplarse en los estadios españoles, y diría en ninguno del mundo, tanto como permitir que la ‘teatralización’ de los protagonistas sea la cerilla que enciende la hoguera de la discordia. 
 
 
El pasado fin de semana, en el estadio valencianista, ambas ecuaciones se quebrantaron y cuando esto sucede, lo normal es someter a los culpables a castigos ejemplares que vayan más allá de la permisividad de episodios que no aportan más que conductas negativas para el fútbol.
 
El Comité de Competición español ha preferido hacer la ‘vista gorda’ con una sanción mínima al club infractor y ni una advertencia –otra que tratarles de ridículos- contra quienes deberían haber sido castigados por una mala actuación escénica que podría haber generado un grave problema en el fragor de una lucha en estado límite.
 
Las razones pueden estar todo lo justificadas que uno pretenda y con las pruebas de cara, sin embargo, de nada sirven cuando las conveniencias mandan y el negocio corre el riesgo de sufrir consecuencias de gravedad económica para ciertos intereses, algo que hubiese ocurrido si en lugar de hacer que el Valencia pague sólo con un apercibimiento y una ínfima multa de 1.500 euros, los encargados de administrar justicia lo hubiesen sancionado con una pena ejemplar, tanto como a Mascherano, Suárez y a Sergi Roberto por una nefasta puesta en escena con engaño incluido.
 

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