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Martín Onti: "Benditos Pecadores"

MADRID, España.- Pocos recordábamos aquella anécdota que leía sobre Don Alfredo Di Stéfano con el Rey Juan Carlos, esa en que el exquisito y díscolo, por momentos, futbolista argentino que llevaba adentro Di Stéfano lo mandó de paseo en el entretiempo de un partido de la Copa de Europa en Ginebra ante el antiguo Servette local. Al finalizar la primera parte, Don Juan Carlos de Borbón, que había acudido con su padre, Don Juan, invitados por el presidente blanco Santiago Bernabéu, se acercó al jugador merengue para saludarlo en el vestuario y Don Alfredo, enrabietado por un empate que no se abría ante el dominio del conjunto español, le mandó a ver si afuera llovía. Años más tarde muchos contaron que ambos se rieron de aquella tarde en Suiza.

Cuentan también, con conocimiento de causa, que nadie se atrevía a quitarle a Johan Cruyff el hábito del cigarrillo, el holandés fumaba como murciélago y de nada servían las miradas silenciosas de sus compañeros para impedirle que apestara el vestidor con el insoportable humo del tabaco, el mismo que debió cortar de cuajo mucho tiempo más tarde cuando el corazón le jugó una muy mala pasada en Barcelona hasta hacerle comprender que debía dejar de fumar y cambiar el pitillo por los caramelos.

De Pelé, podrían contarse jocosamente los sucesos que solía relatar Coutinho, su inseparable compañero de aquel gran equipo del Santos. Decía el goleador paulista, que era incluso muy parecido físicamente a ‘O Rey’, que cuando en las numerosas giras del conjunto brasileño él se equivocaba, quien se equivocaba era indefectiblemente Coutinho, pero cuando acertaba en jugadas o goles, los elogios correspondían a Pelé.

Con Diego Maradona, en cambio, sobran las ocasiones en que se pueden exponer sus cuantiosas hechos para descubrir la bondad que, en esencia, acompaña al Pelusa argentino. Cuenta el hoy director deportivo del Sevilla, Ramón Rodríguez Verdejo, Monchi, que no bien llegar Maradona a la entidad hispalense, el por entonces técnico sevillista, Carlos Bilardo, les llevó a todos a una habitación y les explicó que a partir de ese día en el equipo iba a haber dos grupos. Uno sería el de Maradona y el otro el de todos los demás, y que a partir de allí habría que convivir con ello, sin embargo, la sorpresa les tomaría a contra pierna puesto que el ‘10’ argentino fue quien acercó las existentes diferencias mencionadas por Bilardo siendo uno más del grupo.

Lionel Messi ha comenzado a marcar las suyas, al paso de la lógica de este tiempo contemporáneo, sin el apuro de su propia historia, la cual aún se sitúa en un presente de observación vivencial desde lo futbolístico y que se escribirá llegado el momento.

Martín Onti

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