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Luis Enrique está apagando la cantera del Barça y destrozando su futuro

BARCELONA, España.- El Futbol Club Barcelona siempre ha sido una institución que ha apostado por su futuro. La escuela de La Masía es una de las más prolíficas del mundo y allí se garantiza que todos los chicos que entren sean inyectados en su genoma con el estilo de juego culé.
 
Jugar en el Barça no es cosa fácil, ni para los españoles, ni para los extranjeros, ni para los propios canteranos. De hecho, en las últimas temporadas, luego de la marcha de Puyol, Xavi, Valdés y compañía, ya el conjunto azulgrana no es un producto casi exclusivo de casa.
 
Primero llegó Fàbregas, -uno que se fue porque no creyó, luego se arrepintió y acabó yéndose otra vez-, cuando Thiago Alcántara era el sustituto natural de Xavi. El siguiente episodio vio a Pedro cansarse de la eterna e injusta suplencia y acabó marchándose. El último en hacer las maletas, por la misma situación, ha sido Marc Bartra. Algo lamentable para un club que sigue formando cracks, pero los ve partir en una interminable sucesión año tras año.
 
El máximo responsable de estas últimas dos tragedias no es otro que Luis Enrique, quien perfectamente podía haber encontrado espacio para dos futbolistas de un tremendo rendimiento, necesarios, oportunos y por sobre todas las cosas, canteranos.
 
No hay excusas posibles pues el Barça tiene uno de los calendarios más apretados del planeta y para mantener a todos los jugadores en su forma tope, como el propio equipo los necesita, deben tener una cuota continua de cancha.
 
Lo sucedido con Bartra es aún más ridículo pues el Borussia Dortmund apenas tuvo que pagar la irrisoria cláusula de recisión de ocho millones de euros, la misma que había sido fijada si el central azulgrana no llegaba a jugar 60 minutos en el 30% de los partidos de la temporada, como acabó sucediendo.
 
Mascherano tiene 32 años, Bartra 25. Ahora, en el futuro cercano, el Barça tendrá que volver a acudir al mercado para llenar ese enorme vacío creado por un inexplicable capricho.
 
Es incomprensible como Luis Enrique, un hombre que también puede considerarse de la casa, no se percata del daño que le está produciendo al club desde un punto de vista holístico. Es discutible si en este momento Bartra tiene o no la calidad para enfrentar un partido importante, pero negándole la posibilidad de hacerlo, -incluso contra los más asequibles rivales-, sólo consiguió frenar su desarrollo y aumentar su frustración.
 
 
Es también una duda sin respuesta cómo los otros miembros de la junta directiva no han conseguido persuadir un poco al asturiano para que le dé más valor al producto más valioso del club, esos chicos que llegaron siendo unos alevines y a pico y pala se abrieron el camino hasta el primer equipo.
 
Este episodio puede repetirse con Sergi Roberto y Rafinha si no son utilizados con una frecuencia lógica. Lo que sobra en el mundo del futbol es dinero para fichar a buenos y jóvenes jugadores, mucho más sin son alumnos aventajados de La Masía, una universidad que los gradúa con un doctorado.
 
Luis Enrique continúa llenando la sala de trofeos del Camp Nou, pero no está cultivando las semillas que permitirán un desarrollo sustentable en el futuro. El Barça se está convirtiendo en una compañía de importación-exportación y está distanciando los nexos entre su academia y su equipo grande. Lo que ha pasado con Thiago Alcántara, Pedro y Bartra está creando un impacto en los chicos de hoy y en la identidad del Barça de mañana.
 

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