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David Moyes, Real Sociedad

LA CORUÑA, España- El escocés David Moyes atrajo los focos en el estadio de Riazor de La Coruña, donde las cámaras aguardaron con paciencia su salida del vestuario, con los flashes preparados para iluminarlo, y después, mandó en el banquillo en su debut en España, donde tuvo su primer incidente diplomático.

Después del impacto mediático que tuvo su llegada a la Liga española, cimentado el recuerdo de una década de gloria en el Everton y de una etapa efímera en el Manchester United, Moyes afrontó con determinación su debut en el banquillo de la Real Sociedad.

Tenía ganas de sentarse en él, pero estuvo mucho tiempo de pie, incluso bajo la lluvia, con las manos casi siempre en los bolsillos, americana abierta, elegante, gesticulando con la cabeza y, de vez en cuando, con los brazos.

A su lado, Asier Santana, relegado a un papel secundario tras haber sido protagonista en la dirección de la Real Sociedad ante el Atlético de Madrid, pero activo, ordenando también a los jugadores en el césped de Riazor.

El día de Moyes había empezado con un contratiempo apenas dos horas después de dar su primera lista de convocados.

La Real se desplazó el mismo día del partido a Galicia y su avión tuvo que aterrizar en el aeropuerto de Santiago de Compostela por el mal tiempo que había en La Coruña, donde las condiciones de visibilidad no eran buenas.

El revés alteró más de una hora el plan de viaje de la Real Sociedad, que se concentró en el único hotel de cinco estrellas de la ciudad.

Volvía el equipo vasco al campo en el que un año y medio antes había logrado la clasificación para la Liga de Campeones a costa de mandar al Deportivo a Segunda División.

Para Moyes era la primera vez en Riazor, la primera vez en España y, para ser la primera, tuvo hasta su primer incidente diplomático.

Fue a la media hora de partido, en uno de esos momentos del partido en el que optó por sacar las manos de los bolsillos porque quería tenerlo todo controlado, hasta al preparador físico del Deportivo, al que mandó calmarse cuando el colegiado lo expulsó por protestar.

El gesto no gustó en absoluto al miembro del cuerpo técnico del equipo coruñés, Roberto Cabellud, y lejos de tranquilizarlo, lo calentó aún más.

A tres metros de distancia, a la altura de la caseta del cuarto árbitro, tuvieron que pararle el delegado del Deportivo y hasta el segundo capitán del conjunto blanquiazul, Laure, para que no se fuera hacia el escocés.

No pasó a mayores, aunque a Moyes le sirvió para tener su primer diálogo con un árbitro en la Liga, el navarro Prieto Iglesias, que le advirtió, pero le dejó completar su debut en el banquillo después de hablar con el delegado del conjunto vasco, Matías Jiménez.

Y allí siguió Moyes, con templanza, pero inquieto, rebasando incluso el área técnica, vigilado por el cuarto árbitro, hasta que acabó el encuentro con su primer punto al frente de la Real Sociedad.

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