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Los jugadores del Barcelona pecaron de arrogantes en la derrota que sufrieron ante Málaga.

Barcelona, de la soberbia a la necedad

MADRID, España.- El Barcelona ha perdido una gran oportunidad de afianzarse en la lucha por tratar de lograr el Título de Liga en España. Sin embargo, todo tiene su explicación. Puede ser triste, acomodada a las circunstancias, justificada por claras razones, o como quiera entenderse, pero, está contenida en la soberbia del ser humano. Desde el presidente de la entidad, pasando por el cuerpo técnico, los jugadores, y hasta el aficionado culé, todos tienen su parte de culpa en esta derrota en el Camp Nou ante un modesto equipo como el Málaga.

Cito este encuentro, y este ejemplo claro de lo visto sobre el campo de juego ante los malacitanos, para que pueda servir de enseñanza a quienes lo queramos aceptar y aprovechar.

Desde el mismo instante en que se quedó a sólo una unidad de diferencia del Real Madrid, este Barça se hundió en el engreimiento y la altivez de una condición de endiosamiento ficticio. Esa falsa creencia de estar convencido que el enemigo, entiéndase la gente de la casa blanca, estaba decapitado con fiesta de entierro incluida, terminó llevándoles a esta realidad.

Luis Enrique Martínez dio por cumplida una gran faena otorgando días libres a los ‘gladiadores blaugranas’; Josep Maria Bartomeu volvió a creerse Poseidón surcando los mares de la incongruencia; el seguidor azulgrana se sintió Campeón y aspirante a ganar todo lo que haya por delante; y los jugadores volvieron al camino de la displicencia y la fatuidad que hoy, desde el calentamiento previo al cotejo ante los andaluces, demostraron tras saltar al terreno de juego y luego durante el transcurso del mismo.

Esta caída ante el Málaga, no es solamente un aprendizaje futbolístico de la que tiene que aprender el Barcelona, sino además y por sobre todo, una derrota que traspasa el simple nivel deportivo en sí que hace eclosión en el comportamiento humano, ese que nos enseña que nadie tiene asegurada cosas hasta que éstas no han sido conseguidas.

Volvió a quedar claro, al menos para mi, que Neymar no es un crack desequilibrante; que si Messi no está en un buen día, naufraga en su indolencia; que el sistema defensivo del Barça es una invitación a la desventura; que el vacío mental y limitado de su entrenador desquicia al equipo;  y que, fundamentalmente, el único que podría estar eximio de esta clara debacle moral y por ende futbolística del conjunto de Luis Enrique, Javier Mascherano, no puede estar sentado en el banquillo porque de él depende el balance anímico de este equipo.

Dice el refrán popular que me acota mi amigo Juan: ‘El oro hace soberbios y la soberbia, necios’… Mucho de ello ha tenido nuevamente todo el estamento del FC Barcelona ante el Málaga en el Camp Nou esta tarde.

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