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Martín Onti: Trazos de una noche en Mestalla

VALENCIA, España.- Deberíamos ser conscientes de las necesidades que nos presionan desde una posición determinada para decir esto o aquello. Están en este apartado, por un lado, los que reciben algo a cambio y por el otro los que llevan tan grabada a fuego esas señales de identificación con un proyecto que ni cuenta se dan de lo que dicen. No se escuchan a sí mismos, o sí, y la grabación interna de un libreto forjado en sus cabezas termina yendo a misa como una orden eclesiástica.

No digo que se deba ser un verdugo implacable en sus conceptos futbolísticos, en este caso, pero tampoco ser el precursor de una posverdad que de repetirse tanto por aquí y por allá concluye siendo una verdad absoluta, al menos en intenciones y que de no haber sido por ‘Panenka’ el tenor de este artículo sería muy distinto.

Las declaraciones de Luis Enrique tras el partido en Mestalla, donde España venció no sin un cierto grado de sobresalto a Noruega, nos deja un aprendizaje que los cercanos al ambiente del fútbol debiéramos evitar. Si alguien no hubiese visto el juego en que España terminó ganando 2-1 a los nórdicos y escucha al técnico asturiano, para tener una idea aproximada del resultado final, no hubiese entendido el sufrimiento por el que en realidad pasó ‘La Roja’.

Con halagos, inmerecidos o no, hacia una pretensión, España tiene mucho que trabajar de cara a los próximos encuentros, especialmente ante los suecos, y quién sabe contra qué otro seleccionado en su zona, para arribar clasificado con tranquilidad a la multi-escenarios e histórica, desde esa perspectiva, Eurocopa 2020.

La Selección de España, a ojos de su técnico, fue apenas un poco menos que un equipo ordenado, sistémico y eficaz ante los noruegos del sueco Lars Lagerback. Sin embargo, al escuchar a Luis Enrique, uno se pregunta a qué tipo de conclusiones llega y pensando en qué parámetros se conforma uno con una victoria sobre un adversario ramplón y con limitadas muestras de ejecución futbolística otra que el pelotazo para el cabezazo de sus torres.

Pues bien, comprendo que debe arropar a ultranza a sus hombres y a conciencia que lo ha hecho, al menos de puertas del vestidor hacia fuera, lo cual no significa que por no llegar a nuestros oídos las culpas estas no hayan sido señaladas. Algo de lo que no puedo dar fe ciega.

Veamos: De Gea continúa siendo "el que juega esta noche" sin saber en qué versión le veremos cada partido; Iñigo Martínez necesita ver muchos más videos de funcionamientos defensivos para hacer olvidar a Piqué; Ceballos, en estado de cocción todavía, junto a Asensio, fueron una molestia para las subidas de Jordi Alba cuando este era la mejor opción ofensiva por izquierda; a Morata –a Rodrigo lo salva sólo su gol- le condena una alarmante ineficacia impropia de un goleador supuestamente constatado; finalmente con Canales aún no habiendo abandonado la comodidad del Benito Villamarín y un tardío cambio de Jaime Matas, como respuesta que hubiese sido apropiada al término de la primera parte, quedan expuestos los trazos de una nueva noche descripta por Luis Enrique en Mestalla a la que no sé si atenerme.

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