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Martín Onti: El encierro en el ascensor

MADRID, España.- Puede que por una situación traumática, de repente el comportamiento humano cambie repentinamente y lo pensado con anterioridad mute en una situación sin sentido. Algo similar se me ocurre le pasó al entrenador de la Selección de España, Luis Enrique Martínez, en el camino desde la habitación del hotel en el que se alojaba, hasta el estadio Olímpico de La Cartuja, en Sevilla, donde su equipo jugaba ante la humilde Selección de Kosovo.
 
 
El encierro en el ascensor del alojamiento, que le demoró 1 hora para llegar al estadio, muy a pesar de la ‘fenicia’ victoria final de 3 a 1 sobre los balcánicos, puede que sirva para sus acólitos como excusa para perdonar la incomprensible soberbia del técnico español anoche en la capital hispalense.
 
De verdad, la incomprensión del hecho de sacar a jugar a Sergio Ramos cuando restaban sólo 5 minutos para el término del encuentro con el solo propósito de hacerle sumar un juego más para acercarse a un récord mundial de presencias internacionales, retrata al estratega asturiano que prefirió ignorar la necesidad de España en marcar tantos goles como pudiese, a sabiendas de que en estas eliminatorias sólo el primero de cada zona clasifica directamente para la próxima Copa del Mundo
 
Pero, volvamos al partido ante el seleccionado kosovar para sacar conclusiones más palpables, reales, y no tan ‘amarillistas’ como podría ser entender la complacencia de un regalo a su capitán con una internacionalidad más, y hablemos de fútbol en sí y de los yerros estratégicos-tácticos de un profesional que no pareció entender las urgencias que conllevaba este partido camino a Catar 2022.
 
La Selección de España que dirige Luis Enrique tiene la posibilidad, hoy, que muchos otros combinados nacionales no la tienen. Esa pronta juventud que nace a borbotones en el horizonte del equipo español juega a su favor. Los nombres surgen tan prometedores que el dolor de la raída adultez comienza a entorpecer el progreso futbolístico. Eso es lo preocupante y reprobable.
 
 
Al margen de Sergio Ramos y ese incomprensible favor a quien el estratega defiende sin razones justificadas, aparece Sergio Busquets ya en la senda de su ocaso. Ante Kosovo, ambos eran innecesarios. Las urgencias tácticas pasaban axialmente por un triunfo con mucha diferencia de goles para competir con una Suecia superior y, para ello, la verticalidad de Rodri Hernández con laderos veloces era lo aconsejable, no la lentitud de traslado anunciado en detrimento propio.
 
La falta de intensidad y de profundidad que ni el defensa del Real Madrid ni el mediocentro del Barcelona pueden ofrecer en esta etapa de sus carreras deportivas, terminaron jugando en contra de España y a favor del buen retroceso kosovar, por supuesto al margen de una inefectividad manifiesta tras una posesión del 75%, con 25 llegadas francas a la portería adversaria y 11 tiros a gol tras el inicio de 71 ataques a la zona defensiva de una limitada Selección de Kosovo.
 
Queda así probado, entonces, que a veces un encierro, aunque sea en un ascensor y a escasas 2 horas de iniciarse un partido de trascendencia mundialista ante un equipo que está ubicado en el puesto 116º del ranking de la FIFA, puede alterar el proceder lógico de un experimentado técnico como Luis Enrique Martínez.
 
Martín Onti
 

 

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