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Martín Onti: Un campeón del mundo con toda dignidad

MOSCÚ, Rusia.- Una de las frases célebres del técnico argentino Marcelo Bielsa dice: ‘En cualquier tarea se puede ganar o perder; lo importante es la nobleza de los recursos utilizados’ y desde esta sentencia no se puede más que agradecerle a Croacia por esta Copa del Mundo que ofreció. Una selección pequeña y fatigada, pero con un orgullo que desprovisto de egoísmo y tacañería futbolística buscó sobrevivir a todo a base de recursos nobles, talento, y capacidad de resistencia física y espiritual, incluso hasta en denodada lucha desigual contra la fortuna que altruistamente aceptó.
 
Ganó Francia y es digno Campeón del Mundo porque jugó para eso. Exigido por la presión de las circunstancias que marca la historia del fútbol, los hombres de Didier Deschamps tenían un plan que respetar trazado desde el intelecto lúdico de su brillante estratega, y a ello se abocó con paciencia sorprendente. Croacia podía fallar, Francia no.
 
Hablar de lo que fue el partido no permite análisis rebuscados para esta final. Desde el mismo arranque del juego, las directrices estuvieron claras. ‘Les Blues’ utilizarían el poderío del adversario, como en las artes marciales, para desestabilizarlo desde la propia fortaleza de los de Zlatko Dalic. Ninguno tenía alternativas, y ambos entregaron sus credenciales ante el árbitro argentino Néstor Pitana, a quien no le podríamos achacar culpabilidad por la duda de una interpretación en el penalti que torció la suerte balcánica.
 
El partido fue de una lectura estratégica y táctica tan transparente como la mejor propuesta gala frente a la única alternativa croata para aspirar a una gloria que les inmortalizara más aún. Las dos selecciones fueron cabales merecedoras de esta instancia, las circunstancias de los minutos fueron decantando la suerte a favor de los franceses que atinaron a manejar inteligentemente los espacios desde la realidad de este juego.
 
Se puede ganar, como lo hizo Francia, y se puede perder, como le ocurrió a Croacia. Nadie se sentirá mal porque lo que vimos en el estadio Luzhniki de Moscú fue con el respeto que la nobleza de los recursos agradece a quienes la proponen como inalterable confianza en sus propias creencias. Francia es un justificado vencedor y Croacia una honorable vencida. La honestidad ha triunfado en el Mundial que marca un antes y un después -con la tecnología del VAR- que cambió también, irreversiblemente, el devenir del fútbol.
 
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