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Martín Onti: Semis completas

MADRID, España. - Sería un tanto utópico arriesgar vencedores a partir de ahora habiendo visto los partidos de cuartos de final. La imaginación podría volar tanto como se nos ocurra, pero, con resultados acotados a una realidad que es sorprendente hasta para las mismas razones que se esgriman desde el análisis más desmenuzado posible. Las cuatro mejores selecciones ya están en una estancia que no permite desacreditar a las que han caído y que ya no cuentan para obtener la Copa del Mundo. 
 
Se completó el cuarteto con los dos, a piori, mejores equipos de los enfrentamientos de hoy. Inglaterra y Croacia son los que acompañarán a Francia y a Bélgica en la siguiente fase. A diferencia de la justificación debida que explicábamos sobre los triunfos de galos y belgas el día de ayer, las victorias de ingleses y croatas no aceptan el razonamiento merecido que se esperaría de unos semifinalistas en una competencia de este calibre. 
 
Si ayer considerábamos el trabajo de equipo en la planificación de Didier Deschamps y Roberto Martínez, hoy esa valoración lleva una connotación futbolística más individualizada en el éxito de Inglaterra y Croacia. 
 
En Samara, el preconcepto de saberse superior le jugó en contra a quien no supo explotar correspondientemente la ostensible ventaja con la que corre por historia. Inglaterra pecó en cierto grado de soberbia aunque su triunfo no haya estado empañado más allá de algunos pasajes en que los nórdicos proponían más esfuerzo físico que calidad táctica-técnica, en la que evidentemente la supremacía siempre fue para los de Gareth Southgate. Inglaterra ganó esta vez por el peso de las individualidades y no por un trabajo colectivo que justificara su acceso a semifinales. Jordan Pickford en la portería, Harry Maguire en defensa y Jordan Henderson en el medio sostuvieron una conquista británica ante la Suecia que cumplió más allá de donde en realidad se esperaba.
 
En Sochi, la historia fue diferente por el sólo hecho de que allí jugaba el anfitrión. En esta ocasión, el adversario de Rusia podría haber sido cualquier selección y el final hubiese sido exactamente el mismo sin importar qué rival le tocaba en suerte a los de Stanislav Cherchésov. En este caso fue la Croacia de Zlatko Dalic y triunfó, fundamentalmente, porque tuvo en sus filas a Luka Modric y a Daniel Subasic para desequilibrar la esperanza rusa sin imponer, esta vez, ese juego tan compacto y efectivo que suelen tener los balcánicos, muy a pesar de las urgencias que tuvieron que atravesar para vencer el sueño ruso en la angustia que siempre deparará la lotería de los penaltis. 
 
Estrategia general pensada, trabajada y efectivizada de forma conciente por parte de Francia y Bélgica contra poderío y soluciones basados en individualidades de Inglaterra y Croacia, marcan las diferencias entre las propuestas futbolísticas de quienes, estamos obligados a decir, son las cuatro mejores selecciones del Mundo.
 
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