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Martín Onti: Las interpretaciones

MOSCÚ, Rusia.- No se trata de falta de respeto a la estrategia ni a la táctica, sino de las interpretaciones que los protagonistas -en este caso los futbolistas- le puedan dar a las instrucciones de un plan de juego. Todo se resume al cumplimiento personal de lo que ya se sabe hay que hacer para ejecutar el libreto trazado teniendo en cuenta la obediencia a una idea que ha sido entendida, aparentemente, por todo un grupo en pos de un objetivo.

Respetando las variantes lógicas de una puesta en escena de tal o cual plan, el trabajo técnico puede llevarse a cabo acatando las ordenes impartidas. Sin embargo, cada situación individual tiene sus variantes desde lo anímico, a sabiendas que su impacto en el conjunto puede tener distintas reacciones por aquello del contagio directo.

Las complejidades que devienen cuando esto sucede, y más todavía en escasos 90 minutos de juego, pueden ser delimitantes si de buena manera no hay una comunión colectiva que impulse a enderezar un destino imprevisto. Los casos de los partidos de ayer, sobre todo el Bélgica-Japón, son prueba fehaciente de esto que pretende ser la explicación de un punto de vista. 

El gran error de la selección de Roberto Martínez fue salir a jugar ante Japón pensando en Brasil, y sólo el miedo al verse fuera de la Copa del Mundo reencaminó el espíritu de los belgas para encontrar la victoria en la agonía del minuto final. No es que Bélgica haya jugado faltando el respeto a una idea, pero sí faltándose el respeto a sí mismos y al adversario. Confiados en una superioridad futbolística innegable, la altivez de los europeos estuvo muy cerca de convertirse en hecatombe ante un contrincante evidentemente de menor valía.

Brasil por su parte, impuso, más que autoridad de juego, una de sus buenas jornadas de complicidad de equipo. Una actuación en que el entendimiento entre sus jugadores le permitió a los de Tite la exacta lectura del partido para ganarlo con las armas de juego con que cuenta, incluido el criticado show que origina siempre Neymar desequilibrando mentalmente a sus rivales, sobre todo a un México que había sido, por pasajes, un tanto superior en la primera parte.

Interpretar partidos es parte primordial de los futbolistas dentro del campo. Brasil adoptó su papel con espíritu dominante desde la lectura del juego que debía imponer para vencer a su oponente, y Bélgica no lo hizo sino hasta los minutos postreros del partido, cuando el pánico se había apoderado de ellos ante los japoneses. Al final ganaron los que debían por historia, una historia que cada vez se estrecha más entre los buenos y los menos buenos.

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