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Martín Onti: La mezquindad y la miseria

Cuando uno se sabe superior no basta con insinuarlo porque esa mera actitud sin efectividad se transforma en una mezquindad que conlleva el riesgo de mostrar la miseria del fracaso. No se puede pretender alcanzar objetivos sin trabajar para ello de manera honesta con las herramientas correspondientes. Ser especulativo es parte de ese mal que el miedo condena.

Cabría entender, para esto, que el mayor culpable del origen de los reveses parte de los temores que nace de la poca confianza que se tiene en el camino del éxito. Dos partidos con idénticos escenarios hubo ayer en la Copa del Mundo, y me refiero a ‘escenarios’ no como el lugar físico donde se jugaron los mismos, sino a la forma escénica en que dos equipos gestionaron sus juegos.

En Moscú, España enfrentó a Rusia en el primero de ellos y pocos conocedores del fútbol daban a los de Stanislav Cherchésov como candidatos a pasar de ronda como sucedió. En el segundo encuentro, Croacia hacía lo propio con Dinamarca en Nizhni Nóvgorod a la espera de que fuese una clasificación fácil para los balcánicos, pero que se complicó hasta llegar a la lotería de los penaltis que sí favorecieron a Luka Modric y compañía. 

Dos partidos y dos destinos con suertes dispares. España, que se despidió del Mundial por un lado y Croacia, que permanece por el otro. Rusia, quizás no mereciéndolo futbolísticamente, pasa a cuartos de final y Dinamarca, que mereció mejor suerte, hace las maletas porque la fortuna se inclinó para los croatas. Esa es la triste conclusión que otorga la definición desde el punto fatídico que nadie sabe a ciencia cierta para dónde terminará inclinándose y que, irremediablemente, se debe aceptar como parte del juego.

Sin embargo, antes de llegar a ese punto de no retorno, deberíamos analizar los por qué se llega a ellos, y es allí donde caemos en el primer párrafo de este artículo. La mezquindad conduce a la miseria en aquel que decide especular con las cualidades que le sobran sólo por el hecho de ser medrosamente precavido.

El fútbol, desde esta perspectiva, es un juego que necesita demostrar, como en cualquier otra instancia lúdica, la superioridad de uno sobre el otro en la practicidad de la propuesta, máxime cuando uno es poseedor de ella.

España es más equipo de fútbol que Rusia, pero en el despliegue de la mediocridad que impuso la cobardía de no arriesgar futbolísticamente con la verticalidad y la determinación, quedó eliminada en la fatalidad de los penaltis. Croacia hizo lo mismo que los de Fernando Hierro y, sin embargo, se impuso bajo las mismas condiciones y casi sin merecerlo. No hay orden pino que respete el éxito, pero sí castigo que ajusticie la mezquindad y condene a la miseria.

Martín Onti

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