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Los compañeros del 10 en la Albiceleste tienen más que una actitud de respeto al sistema una reacción gregaria a la que difícilmente se puede escapar mentalmente.

Martín Onti: El problema termina siendo Messi

MADRID, España.- La traición del pensamiento, entendido esto como una bondad y no como actos de maldad, termina condenando a la selección Argentina con Lionel Messi en el campo de juego. No podría ponerme en la piel de Jorge Sampaoli para comprender la impotencia que el estratega argentino debe sentir cuando sus ideas futbolísticas pasan a un segundo plano por detrás de la prioridad mental que sus hombres sienten de asistir constantemente a su capitán.

Los compañeros de Messi en el seleccionado albiceleste tienen más que una actitud de respeto al sistema una reacción gregaria a la que difícilmente se puede escapar mentalmente, y allí radica el inconveniente en el que el crack azulgrana más que una solución, termina transformándose en un grave problema para sus compañeros.
No importa que tan curtidos internacionalmente puedan estar algunos de ellos, porque nadie a esta altura podría negar la experiencia acumulada de futbolistas como Nicolás Otamendi, Sergio Agüero, Ángel Di María, Paulo Dybala, y hasta el mismismo Javier Mascherano. Sin embargo, no más calzarse la camiseta argentina estos hombres sufren un cambio sorprendente que se hace imposible corregir durante 90 minutos de cada partido y en el estadio Luzhniki de Moscú, a pesar de ganar por la mínima diferencia, esto quedó nuevamente demostrado.
 
Indefectiblemente la subordinación mental supera al orden táctico, a las capacidades técnicas y a la escenificación estratégica de cualquier entrenador cuando un grupo asume instintivamente esa prioridad que los jugadores de Argentina proponen con Messi sobre el terreno de juego. Este tema es algo que necesita un trabajo de urgencias y en paralelo al corto tiempo de que Sampaoli dispone camino a Rusia 2018.
Basado en el adiestramiento del subconsciente, como signo positivo para un equipo con gente de capacidades subordinadas a un líder, Argentina necesita explayar el problema en charlas enriquecedoras, hablarlo sin tapujos entre ellos, asumir riesgos de equívocos, y a partir de entonces tener una mejor posibilidad de lograr algo que no sea escudarse tras la imagen del mejor jugador de fútbol del mundo porque ese, no es precisamente el título que estará en juego cuando se dispute la próxima Copa del Mundo.
 

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