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Martín Onti: El monarca Messi

MADRID, España.- Me atrevería a ejemplificar con comparaciones, digamos políticas, la situación de la Selección Argentina de Jorge Sampaoli camino a Rusia 2108. No a través de deducciones inexistentes sino de declaraciones del propio técnico argentino, uno busca comprender la idea que tiene ‘Sampa’ para devolver la gloria pasada a un fútbol que ha llegado a la orilla de un río torrentoso en las últimas tres oportunidades habidas, sólo para ahogarse tristemente antes de acariciar el objetivo deseado.
 
 
 
 
Los escenarios de Brasil, Chile y Estados Unidos le cercenaron el derecho a la alegría de ser Campeón en el último Mundial del 2014 ante Alemania y en las dos Copa América posteriores, consecutivamente, cayendo ante el mismo adversario chileno bajo similares circunstancias. Fue subcampeón en el país trasandino en 2015 y en territorio estadounidense en 2016, donde ni siquiera la gerontocracia de un plantel con experiencia pudo ante el karma que parece castigar repetidamente el destino argentino.
 
Sampaoli, con esa rara impronta que busca enfáticamente imponer a sus jugadores, trata de convencerse a si mismo, en paralelo a sus hombres, de que la Copa del Mundo en Rusia es toda una posibilidad conquistable y que llegar a levantar el trofeo en el Estadio Luzhniki el 15 de julio es un derecho que les pertenece. 
 
Los argumentos de una Monarquía –prefiero usar este término antes que el más duro de Dictadura- para vestirla de República, chocan contra una realidad diferente en donde los resultados no le otorgan a Argentina el favoritismo que esboza su estratega.
 
Sampaoli disfraza al seleccionado bicampeón del mundo, de cara a la opinión pública, con una preferencia que dudo pueda tener si Lionel Messi no está inspirado y cercano al esplendor que puede generar como dictador futbolístico. Lo que sí me atrevo a asegurar es que, en la actualidad, si Messi no jugara para la Selección Argentina, las posibilidades de los sudamericanos de aspirar a la conquista de la Copa del Mundo en Rusia serían absolutamente nulas.
 
Visto así, un monarca, dictador sólo por su fútbol y sin pretensiones de serlo, puede servir para que funcione una república si sus súbditos están alineados para hacer un gran torneo. Jorge Sampaoli sabe, y nosotros también, que los visionarios dibujos tácticos previos que gestiona el técnico desde el papel, no encierran más que esa necesidad de asirse a cualquier detalle para motivar a un equipo en inferioridad de condiciones con respecto a selecciones como la alemana, la española, la brasileña, e incluso la belga y la francesa. Lo cual ya es mucho decir.
 
 

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