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MANDAN LOS RESULTADOS: Martín Onti

Correspondería ponerse a pensar si es más importante la respetuosidad de un planteo en el que se puede creer, o en un resultado que asegure continuidad. La intención, por un lado, es la de identificarse con lo que se propone, jugar bien y disfrutar con el juego, y por el otro, ganar tiene su objetivo marcado sólo por la victoria sin importar cómo se llega a ella.

A falta de cumplirse la última jornada de esta sorpresiva inicial etapa eliminatoria en la Copa del Mundo, el fútbol ha sido puesto en la mesa de las incomprensiones.

Algo que nos recuerda el hecho de que desde el plano futbolístico la mayoría de la gente no recuerda cómo jugó este o aquel equipo. Referirse al marcador final sin noción de los pormenores de un encuentro y asirse al resultado, es lo que nos da la pauta, la verdadera, de lo que realmente importa hoy en este deporte.

En general, pienso que después de aquella Holanda de la década del 70’, nadie volvió a interesarse por agradar y agradarse entregando un fútbol que contemplara todos los matices del juego. Por historia, lejos quedó Brasil en cada etapa de su brillantez esencial, la elaborada Hungría de Gustav Sebes, y la referida ‘Naranja Mecánica’ de Rinus Michels… Aunque en el fondo quiera agregar a esta lista a la España de Del Bosque/Aragonés, la más cercana conceptualmente hablando.

Hoy, en un mundo de demandas y urgencias necesarias para seguir sumando de cara a las exigencias contemporáneas, llámese deportivas, económicas, políticas y hasta sociales, los equipos deben ser triunfadores como condición primaria. La agradable sensación del buen juego viene a posteriori, porque lo primero es imponerse al adversario a costa de goles, no de mejores propuestas futbolísticas como debiera ser.

De no entenderlo así, sólo nos queda mirarnos en el espejo del fútbol actual. Nadie
queda por rescatar. Desde la Alemania de Löw, la Brasil de Tite, la Argentina de Sampaoli, la Francia de Deschamps, la Portugal de Fernando Santos, hasta la Inglaterra goleadora de Southgate ni hasta la mismísima España de Fernando Hierro alcanzan a demostrar que el fútbol puede ser salvado en lo sustancial… ¿ o acaso debiéramos ilusionarnos con la Bélgica ofensiva del español Roberto Martínez o la dueña de casa de Stanislav Cherchesov?

Para colmo, como si no tuviésemos suficiente con todo ello, la influencia de la tecnología, lo hemos comprobado, le ha quitado al juego esa frescura lúdica propia del encanto que siempre enorgulleció al fútbol antes de que este perdiera su real origen.

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