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La selección argentina se encuentra sumida en su peor crisis de la historia moderna

BUENOS AIRES, Argentina.- La pésima situación de la selección argentina no tiene para cuando acabar. El equipo fue vapuleado por Brasil el jueves y ahora mismo se encuentra fuera de los puestos que dan un boleto al Mundial de Rusia 2018. Los responsables, en palabras de todos, son los propios jugadores.
 
La plantilla albiceleste está convencida de que no llegan a jugar con la selección con el mismo nivel que tienen en sus clubes. El problema está en las cabezas, un mal que fortuitamente parece haber azotado a todos al mismo tiempo. Cada uno contagia al resto y se crea un círculo vicioso que les impide extraer su máximo fútbol.
 
 
Si apartamos los problemas dirigenciales y el consabido trabajo que cuesta armar a una selección, ninguno de los futbolistas está logrando hacer click con la camiseta argentina y ese es el principal bloqueo que les azota. Es como si de repente su fútbol se derritiera cuando viajan a Sudamérica.
 
 
Por supuesto, todo esto tiene su base en las tres finales perdidas en años consecutivos, algo que horada psicológicamente hasta el más fuerte de los jugadores. Esta cuchilla no les deja recuperarse, es como si les recordara a cada momento que no son capaces de conseguir algo importante.
 
Bauza puede tener algo de culpa, pero no es el mayor responsable. El fútbol no es una ciencia exacta y por muy buen técnico que sea eso no le garantiza el éxito en cada proyecto. Existen muchos otros factores que un entrenador no puede controlar, como los inexplicables errores defensivos, la falta de concentración de sus jugadores y el hecho de tener que convivir completamente lejos de ellos y solo verlos unas tres o cuatro veces al año.
 
 
A cualquier técnico le costaría cambiar las cosas de un solo tajo y dejar fuera de las próximas convocatorias a Mascherano, Di María, el Kun o Higuaín, a ver si otros nombres, aunque de menos caché, son capaces de encontrar una solución. Otro grupo con la cabeza menos fundida, más libre. A la larga el fútbol es tan mental como físico o táctico.
 
 
El retorno de Messi a la selección en septiembre no ha servido para elevar su rendimiento. Apenas ganaron el primer partido, en casa ante Uruguay con un gol suyo que desvió en el camino, pero en los cuatro siguientes encuentros apenas han conseguido dos puntos. 
 
Messi no va a dejar el barco a mitad de camino, pero si Argentina no llega a clasificar al Mundial es un hecho absoluto y firmado que se retirará definitivamente de la selección y que será una decisión inapelable. No tendrá armas para sobreponerse de semejante fracaso y quizás eso acabe impactando también en su rendimiento con el Barça.
 
 
Ganarle a Colombia el martes puede significar el punto de giro, aunque también puede ser un punto de claridad en la tormenta. La próxima fecha de las eliminatorias se jugará en marzo del año que viene, demasiado tiempo como para mantener la buena vibra que se pudiera generar si consiguen los tres puntos ante el conjunto de Pékerman.
 
O quizás sea precisamente eso lo que necesiten, un “descanso” de este agobio que ahora mismo significa la camiseta de rayas blancas y celestes. Argentina se ha consumido en una vorágine engullente desde julio hacia acá y la solución puede acabar siendo este forzoso impasse.
 

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