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Martín Onti: La grieta argentina

Bien podríamos referirnos a la grieta social entre el pueblo argentino, donde el país sudamericano se pide entre defensores del neoliberalismo y opositores al mismo. Bien se podrían encontrar excusas políticas desde el poder que ostenta el actual presidente de la Argentina, el neoliberalista Mauricio Macri, para apoyar la próxima final de la Copa Libertadores de América entre River Plate y Boca Juniors, tras haber dejado en el camino los equipos argentinos a los brasileños Gremio y Palmeiras respectivamente.

En un momento de extrema tensión en Argentina, uno no sabe si la definición del torneo más trascendental a nivel de clubes llega de manera oportuna o inoportuna para una situación de tamaña gravedad en un estado político-social que se encuentra en constante ebullición tras las cambiantes medidas económicas adoptadas por el gobierno actual.

River y Boca o Boca y River, en cualquier posición, uno de ellos tiene en Argentina una significancia que va más allá de los deportivo. La historia condena a ambos con necesidad de imponerse siempre a su enemigo. Decíamos no hace mucho en relación al clásico español Barça-Madrid, que las repercusiones de este tipo de partidos traía aparejada una similitud de intereses futbolístico con detalles de consecuencias extradeportivas que nacía de las tradiciones lugareñas, y eso es, justamente, lo que hace diferente a los clásicos mundiales.

El ‘adhocquismo’ instaurado alrededor de los partidos cruciales de cada Liga tiene como principal interés los resultados futbolísticos, sin embargo, no podríamos dejar pasar por alto que otros factores que dependen de las condiciones locales de ciertos momentos puntuales de la historia de cada país, influyen en el desarrollo de ciertos encuentros.

Siendo la Copa Libertadores de América un evento de extrema importancia y trascendencia en todo el continente y a tenor de la fraticida rivalidad entre Boca Juniors y River Plate, sumado esto a la incierta situación social que se cierne sobre Argentina, la lógica nos conduce a estar alertas sobre las consecuencias que podría acarrear la marcada enemistad entre adversarios que viven horas de alegría con la derrota del otro.

En resumidas cuentas, podríamos decir que hay hechos ineludibles que suceden en momentos inapropiados. Pero, eso es parte de la vida que tiene al fútbol como baremo de medida entre la felicidad y la desgracia de un pueblo pidido desde el deporte más popular del mundo y, también ahora, política y socialmente. 

Martín Onti

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