Martín Onti: La alegría, la tristeza y el fútbol

BUENOS AIRES, Argentina.- Sólo alguien muy concienciado de lo que significa en realidad la felicidad puede entender ciertas cosas. Sólo la libertad de sentirse alegre, emocionado por algo y feliz de un logro de significancia puede entender las reacciones de cierta gente. En el fútbol, hubo dos hechos que recientemente me llevaron a entender lo que representa la alegría de un niño cuando recibe un juguete nuevo. La simpleza de un momento se explica muy fácilmente cuando somos testigos de hechos que a otra gente les resulta común y a los niños no se les olvida nunca más. 

Hace algunos días atrás, una declaración de Josep Guardiola llamaba la atención cuando el técnico catalán del Manchester City británico decía que no existía nada más agradable para su profesión, que ver cómo una jugada programada en innumerables entrenamientos se reflejaba en un partido por los puntos. La alegría que invadía a Guardiola cuando esto ocurría, guardaba paralelismo en el fútbol con muy pocas otras cosas realizables desde la dedicación y el rédito consecuente.

También en Inglaterra, aunque esta vez en el Leeds United, el estratega argentino Marcelo Bielsa llegó a explotar de júbilo, algo no muy peculiar en él, cuando en un entrenamiento un pase en profundidad ejecutado en un brillante cambio de frente de unos 35 a 40 metros, fue aprovechado por Patrick Bamford para anotar uno de aquellos goles de bandera que llevó a Bielsa a correr hasta su delantero y abrazarlo como si hubiese contado tal anotación para un exquisito triunfo de campeonato.

Si la alegría puede ser entendida desde tantos ángulos posibles, sean estos interpretados desde la visión de niños o de adultos, fácil es aceptar que el fútbol es para ciertos entrenadores, como Pep Guardiola y el Loco Bielsa, lo que aquellos ejemplos de juguetes que mencionábamos son a la felicidad inexplicable y propia de los niños.

Cuando estos casos suceden la razón no necesita de análisis alguno. Sólo la libertad de las sensaciones pueden ser interpretadas como satisfacción por lo que se hace, aunque para ello es necesario tener la grata imaginación de situaciones en donde lo puramente matemático del juego no interviene. 

La sensación expresada por Guardiola y la reacción en vivo de Bielsa son ejemplos sinceros y demostrativos de quienes aman esta profesión y, aunque sólo sea por el mero hecho de saberles honestos y felices, merecen por ello nuestro más sincera comprensión y respeto, de la misma forma que respetamos la inocente alegría de los niños con juguetes nuevos y rechazamos lo sucedido en Argentina con absolutismo de condena a una sociedad irremediablemente enferma.

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