Martín Onti: Males necesarios

El fanatismo en el fútbol puede llegar a conformar un mal necesario, pero, dependiendo de los momentos, las opciones buscan el camino del debate. Los momentos marcan las diferencias que desde un micrófono o una pluma tientan el alma vestida del favoritismo por ciertos colores, algo que siempre pone en duda la honestidad que mide la profesionalidad.

La reciente eliminatoria entre el FC Barcelona y el Sevilla FC en semifinales de Copa del Rey ha vuelto a exponer en España todo un espectro de opiniones sobre periodistas afines a ciertos intereses que quedan al descubierto toda vez que abren sus bocas o se explayan en escritos partidarios.

Sabemos que la política del amarillismo periodístico que se ha institucionalizado en este país desde tiempos inmemoriales, tiene una aceptación popular que se ha transformado en el ‘modus operandi’ para mucha gente. A través de los años en que la permisividad de los ‘dimes y diretes’ se ha hecho carne en la fragilidad del pueblo, se extraña la falta de fanatismo cuando la ecuanimidad es el denominador común que intenta prevalecer.

Los encargados, y los que allí se desempeñan, de la trasmisión del encuentro de vuelta en que el Barça se clasificó para la final de la Copa del Rey –que disputará el 17 de abril con el Athletic de Bilbao, vencedor del Levante anoche- pusieron a descubierto sus almas preferenciales y sirvieron la polémica del momento.

Dar nombres y apellidos en el mercado interno no significarían sorpresas de ningún tipo; sin embargo, sí podrían ser de utilidad para retratar hechos que en pleno siglo XXI ya deberían pasar al recuerdo de lo que fue España en el anterior. Flaco favor se le hace a la profesión, cuando tras los medios correspondientes se festejan goles del equipo favorito o se monta en cólera cuando este los sufre. Necesario o no, eso no es honestidad periodística.

Es muy difícil que las tornas cambien la dirección en que estas han sido soldadas a fuego. No cambiarán las actitudes de aquellos a quienes nos referimos. Están por doquier en cada medio con la permisividad de los que mandan y la anuencia del amiguismo que les vuelve impune hasta transformarles en males necesarios. Así estamos y así seguiremos, desgraciadamente, porque el circo precisa de alimentos, de igual manera que en el último vagón del tren en  la película ‘Snowpiercer’.

Martín Onti

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