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Martín Onti: La condena rojiblanca

Sucede que los errores suelen pagarse a un precio desconsiderado, a veces más caro de lo que uno podría imaginarse. A algo así puede que se refiera Diego Pablo Simeone cuando se lamenta de la eliminación de su Atlético de Madrid en la Copa del Rey, en el mismísimo estadio Metropolitano y a falta de escasos 3 minutos para el término del encuentro que daría el paso a cuartos de final a su adversario, el Girona de Eusebio Sacristán.

No renegaremos de la forma de entender el juego del estratega argentino, pero lo que sí nos otorga el derecho de señalarle es su renuncia al silencio posterior que la derrota de un sistema como el suyo lleva implícito.

Rácano, medido, calculador, esquemático y poco placentero desde una perspectiva lúdica para quienes estamos del otro lado de la cortina futbolística que la propuesta de los equipos de Simeone defienden, el análisis de sus gestiones tienen estas consecuencias. Un partido perdido, una noche errónea, un mal resultado y el inconmensurable trabajo de una temporada va a dar con todo un denostado esfuerzo en el cesto del desaliento.

No es que la derrota del Atleti ante el Girona haya sido merecida desde las gestiones estratégicas planteadas en el Metropolitano, ni tampoco que razones coyunturales hayan incidido abusivamente en el marcador final –más aún considerando la actuación primordial del VAR- nada de eso. Sólo fue la incomprensible relatividad del fútbol que no parece ser tenida en cuenta muchas veces.

Sin embargo y al margen de la caída ante los gerundenses de Eusebio, de la escuela opuesta al ‘Cholo’, este varapalo debería servirle al entrenador argentino para aceptar que hay partidos y partidos, que la lectura de un juego nunca ha terminado un capítulo hasta el mismísimo final y que nadie queda exento de ser condenado por sus delitos… entendidos estos, y en este contexto, como la equívoca deducción de una realidad futbolística.

Cuando se juega al límite de la desgracia, se debe entender que esta aprovechará su mínima oportunidad en el momento en que la dejen. Diego Pablo Simeone y todo el Atlético de Madrid viven bajo estas premisas. Su gente lo sabe y lo digieren a través de la aceptación que denotan sus rostros, esos mismos semblantes que expresan alegría y satisfacción sólo cuando el silbato ha indicado que un partido ha concluido. Nunca antes.

Martín Onti

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