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Martín Onti: Demasiado Anfield todavía

MADRID, España.- No se podrá negar el buen planteamiento, paciente y efectivo del Valencia. Tampoco la disposición que tuvo el conjunto levantino sobre el terreno de juego y con una táctica apropiada que Marcelino García Toral supo imponer desde el origen de esta estrategia, la cual fue urdida y pensada hasta en los mínimos detalles. Eso implica estar abocado a la consecución de un objetivo, pensar por adelantado lo que puede suceder en un partido en el que se juega un título, aunque este sea de mediana importancia como la Copa del Rey española. 
 
Desde tener en cuenta los mínimos detalles al trasladar a sus jugadores por anticipado al calor de Andalucía –estuvieron aclimatándose en Jerez desde mediados de esta semana- hasta el estudio del adversario en su fortaleza técnica y su debilidad táctica-espiritual, Marcelino supo lo que debía hacer para lograr un propósito que se cimentaba de la ilusión de conseguir su primer galardón en la primera oportunidad que la historia del fútbol le otorgaba.
 
Estas urgencias, entendidas así por el Valencia, dieron sus frutos en detrimento de un Barcelona que aún no ha regresado de Anfield. La derrota ante el Liverpool por la Champions League no en vano ha sido tema de las conversaciones que sus hombres han mantenido con los medios de comunicación a lo largo de esta semana previa a este triunfo.
 
Cuando Marcelino comprendió que la velocidad de sus futbolistas devastaba la lentitud física y deplorable actitud mental de los de Ernesto Valverde, el juego quedó sentenciado. Ya por más intención, desde su soledad, que Lionel Messi tratara de imponer, todo se convertiría en inutilidad por la falta de corazón que sigue sin impulsar sangre por las venas de, casi, cada uno de los jugadores del Barça.
 
Hasta aquí lo que es rescatable desde el análisis futbolístico en un encuentro mediocre que sólo resucitaba la emoción lúdica por ser una final de una Copa del Rey. Poco más se podría agregar desde el punto de vista que ordena un balón para una opinión sobre un partido de fútbol.
 
El Valencia se impuso porque creyó más en una ilusión, porque estuvo mucho más convencido de ganar, aún siendo inferior desde su juego, a este desmotivado Barcelona con su obligación a cuesta. Anfield duele todavía en Can Barça, duele en Cataluña y en cada azulgrana que se digne de tal.
 
La temporada ha terminado en el calor agradable de la capital hispalense. Habrá festejos por las calles de Sevilla para la afición valenciana y agrio sorbo de dudas sobre el futuro que se cierne sobre la entidad que preside Josep Maria Bartomeu, que capitanea Lionel Messi y que por ahora, sólo por ahora, dirige Ernesto Valverde.
 

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