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Foto: EFE.

Martín Onti: Colaborador y finalista

BARCELONA, España.- Eso fue el Barcelona ante el Atlético de Madrid en el Camp Nou por la vuelta de semifinales de la Copa del Rey. Colaborador, porque sirvió de perfecto socio del espectáculo trepidante que propuso el conjunto de Diego Pablo Simeone en muchos pasajes del encuentro y finalista, por obra y gracia del argentino que ya parece haber quedado en soledad para disfrutar sobradamente del cartel de mejor futbolista del mundo.
 
 
Lionel Messi frotó la lámpara de sus innumerables recursos al filo de la primera parte y definió el cotejo, definió él digo, porque el gol de Luis Suárez sólo fue anecdótico para que el nombre del goleador uruguayo subiera a las estadísticas, y encaminara así el encuentro rumbo a la cuarta clasificación consecutiva a una final de esta competencia para la entidad que dirige Luis Enrique Martínez.
 
Sin merecerlo futbolísticamente, el Barça se planta en la finalísima de la Copa del Rey partiendo como favorito de quedarse con el vigésimo noveno trofeo sea quien sea ahora su adversario en suerte. Ni el Celta de Vigo, ni el Alavés de Vitoria, son rivales que puedan inquietar, tanto en teoría como en la práctica, a los azulgrana y es de pura lógica pensar que la Copa de su Majestad irá a engrosar las vitrinas de la entidad culé.
 
Pero, al margen de este preocupante presente que atraviesa la institución que preside Josep Maria Bartomeu, hay que destacar que el Barcelona se ha transformado en una escuadra con marcada dependencia de los tres jugadores de ataque, aunque más de Messi que de sus acompañantes de ese tridente usado como pantalla para disfrazar la pobreza de juego del equipo.
 
 
Ante el ‘Aleti’ de Simeone, los blaugrana fueron un conjunto ramplón, simple, sin ideas otra que atrincherarse esperando el final del juego y encomendándose a Messi, más aún con un Suárez apagado y sin Neymar en el campo por sanción, con Iniesta entre algodones y Busquets en asentamiento tras su lesión.
 
En realidad, muy poco faltó para que los madrileños se quedaran con el honor de ser ellos los finalistas. Cillessen en portería, algo de Umtiti, y la cada vez más patética dependencia de Lionel Messi, volvieron a bastar para capear un temporal al que partido tras partido se enfrentan las huestes de un técnico sin respuestas que no sean aquellas que provienen del crack argentino.
 

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