Martín Onti: Sentencias lacerantes

SAO PAULO, Brasil.- Nadie que esté cercano al ambiente del fútbol mundial podría quedar al margen, no más sea en su pensamiento, sobre lo ocurrido en esta Copa América en Brasil. Después de las palabras de Lionel Messi tras la obtención del 3º puesto en la competencia, donde venció en un polémico partido a Chile, los estamentos del fútbol sudamericano han sido expuestos en la vidriera de la vergüenza por el mejor jugador del mundo, nada más y nada menos.
 
Las sentencias de Messi han sido tan lacerantes como sus intenciones. El propósito de sus palabras tiene un único e invariable significado. No puede haber doble lectura en lo dicho porque han quedado absolutamente claras. La estocada ha sido punzante al corazón del problema y no existe aderezada manera de salir indemne cuando se es el destinatario de tales aseveraciones contundentes.
 
Corrupción es la palabra. Una sola palabra unida a muchas otras adjetivaciones, sujetos y verbos que no tienen escapatoria al diáfano significado, a la intención final a la que el astro argentino no esquivó sino que buscó con un propósito claro. Esa claridad con que Lionel Messi se expresó, no deja margen alguno para la escapatoria en dirección al olvido. Ahora, seguramente existirá un antes y un después a partir de la noche de Sao Paulo. Es Inevitable.
 
Decíamos justamente, y a propósito de este torneo, en un artículo anterior, que los vericuetos de la tecnología podían ser disimulados en la inoperancia, que la complicidad del silencio y la aceptación del olvido podían conjurarse hasta la noche del Brasil-Argentina en la semifinal de Belo Horizonte, pero, lo del final de este partido en la zona de medios de comunicación que protagonizó Lionel Andrés Messi Cuccittini, alias ‘La Pulga’, ha sido algo así como una obligación a quitarse la venda de la irrealidad en la que mucha gente pretende vivir.
 
Pienso que después de estas declaraciones a la prensa por parte del capitán de la Selección Argentina, las consecuencias no deberían hacerse esperar en cualquier modo y forma que se nos pueda ocurrir. Bajo la ahora atenta y expectante mirada del mundo, justamente porque Messi no es un 4 de copas –una de las cartas más innecesarias dentro de la baraja con que se juega al Truco, juego de cartas por antonomasia de los argentinos- el movimiento que sigue no puede estar relacionado de ninguna manera a la tibieza, ni mucho menos al silencio, porque este evidentemente otorgará el derecho de la verdad al 5 veces Balón de Oro. 
 
Aunque ya la respuesta ha sido expresada con cierta timidez y bajo modos admisibles de pactar con el temor. El tenue "es inaceptable" de la Conmebol sobre las palabras de Lionel Messi, no tienen la misma fuerza de la acusación directa, difamante y profunda que se originó en la noche del Mineirao y que concluyó en el Arena Corinthians paulista… si se puede decir que esto ha concluido.

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