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Martín Onti: Messi, la Copa América, la gloria y su pesadilla

BRASIL.- A escasos 3 días del inicio de la  Copa América 2019 en Brasil, mucha gente con la boca pequeña, de labios entreabiertos, con murmullos en lugar de gritos y observando de reojo a quiénes están alrededor, se dice hacia sus adentros que es hora de que Lionel Messi de una vez y por todas lleve a cabo lo que se espera de él; no es más de lo que todos, en cierta manera, esperamos de él sin tener en cuenta si se es seguidor del Barça, de la Selección Argentina o del Deportivo Anti-Messi.
 
No insistiremos en su capacidad como jugador de fútbol. Sobrarían calificativos, análisis, pruebas y trofeos para que aceptemos que la parte más fácil de esta ecuación es una realidad. En este aspecto, punto principal para una sentencia con el sello en mano, el futbolista argentino no tiene nada más que demostrarle al mundo con el balón en sus pies, pero, le debe a quienes confiamos en él la entrega sublime que se le requiere a los elegidos. Eso no se lo podremos perdonar siendo quien es.
 
Si bien debemos festejar que Messi ha ido creciendo en su periplo futbolístico obteniendo cuanto trofeo se nos ocurra consigue una figura de su calibre –camino a su sexto Balón de Oro esta temporada- también debemos coincidir en que nos ha fallado a todos un poco en lo esperado de él; a los muchos que valoramos su calidad indiscutible y a los pocos que le maldicen por lo mismo. 
 
Navegar por la ribera indefinidamente y no atracar en el puerto correspondiente, ha sido parte de su silencioso discurso. A pesar de ello, le ha bastado con sus dotes para ser reconocido como uno de los mejores jugadores que la historia del fútbol ha dado en las pasadas dos décadas, sin embargo, pienso, la misma historia se encargará de condenarle en sus días de vejez si no hay un cambio antes de que se produzca su retiro.
 
Todo ser humano tiene un poco más de lo que piensa, siempre se puede ir más allá de esos límites insondables, no hay techos en los objetivos que desconocemos se pueden lograr. Genéticamente hablando, Messi tiene lo más difícil, lo que casi nadie posee en este deporte, lo imposible de entrenar para conseguir, lo innato que no admite negociado posible, la iluminación con la que pocos seres humanos nacen. Sólo le falta la conquista de su ‘yo’ para ser ese guía a fuerza de cierta ‘maldad’ que los Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona tuvieron. Está cerca, muy cerca, casi sentado con ellos esperándole en su bendita mesa.
 
Nadie pretende cambiar la personalidad de Lionel Messi, eso es una utopía absoluta. La esencia del ser humano difícilmente muta a menos que un hecho más allá de lo especial acontezca en su vida y aún así, el origen del alma dominará su paso por este mundo. Sin embargo, en el fútbol que todo lo permite –o casi todo- bien podría haber una excepción para que el hecho de sentar al crack argentino a la par de aquellos 4 jinetes del Apocalipsis tenga su justificativo.
 
La Copa América, se me ocurre, será el postrero bastión a sortear por el capitán albiceleste en búsqueda de la gloria eterna. Ya el tiempo se agota y no habrá muchas más oportunidades para corregir los sueños de alcanzar la gloria antes de que esta se trasforme en su eterna pesadilla.
 

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