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Martín Onti: contrariedad de himnos entre el futbol y el rugby

Acaba de concluir el Campeonato Mundial de Rugby en Inglaterra, donde brillantemente se coronaran campeones los All Blacks de Nueva Zelanda ante los Wallabies de Australia. La finalización del torneo nos permitió apreciar, en cada uno de los partidos jugados, la digna actitud de los participantes por enaltecer el himno patrio a modo de arenga demostrativa del orgullo que fue para ellos representar a su país.
 
 
En este aspecto, nos llamó considerablemente la atención la reacción contraria que existe en el fútbol, donde en la antesala de cada partido internacional los hechos muestran actitudes diferentes entre el juego del balón redondo y el del balón ovalado. Un deporte acaba de demostrar en las Islas Británicas el honor de entonar los himnos nacionales en cada cotejo, y el otro ignora lo que debería significar la honra y el placer de representar los colores de su país.
 
Las diferencias entre el fútbol y el rugby, ya que mencionamos la Copa Mundial de éste último deporte, el tercer evento más visto y remunerado económicamente en el mundo entero detrás del fútbol y los Juegos Olímpicos, nos obligan a comparar e insinuar una distinción entre los honores de uno y otro deporte.
 
En el rugby, no solamente los All Blacks, o los Wallabies, o los Pumas argentinos para los más familiarizados con conjuntos de habla hispana, cantan altivamente el himno en los prolegómenos de cada juego, sino que lo hace cada uno de los equipos participantes. Por añadidura, los ‘rugbiers’ titulares se emocionan al borde del llanto con la interpretación de las estrofas de la canción patria, como así también los suplentes, el cuerpo técnico e incluso los asistentes en las gradas.
 
 
Cuando presenciamos un evento de fútbol internacional en cualquier rincón del planeta a nivel selecciones, se hace extremadamente raro y difícil encontrar que alguno de los ‘futbolistas’, o de los relacionados al juego, entone con natural pasión y brío los acordes del himno que pertenece al país que representan en ese momento, y más extraño y bizarro aún nos resulta que en Europa se rechace la canción de la Champions League, siendo que la competencia del himno compuesto por Tony Britten es el que les lleva una considerable cantidad de dinero a las arcas de las entidades que reniegan de ella.
 
 
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