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Martín Onti: El Momento de la Inmadurez

MADRID, España.- Corría el minuto 77 del encuentro que por la Champions League el FC Barcelona derrotó a la Roma en el Camp Nou, y la falta dentro del área del recién ingresado Salih Uçan sobre Neymar es sancionado por su compatriota otomano Cuneyt Çakir a favor de la escuadra catalana. El balón es cedido por Lionel Messi, el titular indiscutido en el conjunto azulgrana para la ejecución de los penalties, para que el brasileño sea quien lo haga efectivo y pueda así anotar su propio gol en esa catastrófica caída de 6-1 del equipo de la capital italiana ante el Barça.
 
Pero, como ya parece ser una costumbre, Neymar elige la estupidez de nueva cuenta y decide abordar la insensatez en lugar de la sensatez. Probablemente tratando de emular a su fallecido compatriota Sócrates, aquél mítico mediocampista brasileño de la década de los ochenta que marcaba sin tomar carrerilla y con una frialdad asombrosa, decide que la indefensa pelota colocada en el punto blanco de los once metros se transforme en muda testigo de su soberbia y nada pueda hacer para impedir que la bravuconería del ejecutor se consuma. 
 
A diferencia del final feliz que había tenido con la misma manera de patear la falta ante el BATE Borisov en esta misma competencia y en esta misma temporada y ante el Rayo Vallecano en dos ocasiones por la octava jornada de la Liga española, el portero de la Roma, el polaco Wojciech Szczesny, le adivinó la intención y le rechazó sin inconvenientes el envío que luego termina convirtiendo Adriano para disimular el fiasco y una mayor vergüenza para Neymar.
 
Se podría comprender la osadía cuando necesaria, cuando es definitoria para marcar diferencias, pero jamás en situaciones donde lo que se intenta es humillar al adversario sin necesidad absoluta de ello y, créanme, el conjunto italiano no estaba para ello en la aciaga noche del Camp Nou, menos todavía cuando Neymar ha ido creciendo seriamente en su producción futbolística en ausencia de Messi y comienza a ser trascendental en el efectivo juego del Barcelona, ese que está bien alejado de la tontería.
 
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