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Martín Onti: Ausencia de latidos

MADRID, España.- He aprendido con el paso de los años, que la diferencia entre la razón y la pasión determina un resultado cuando la situación a definir parte de la igualdad absoluta en la técnica. Y me parece extraño que a este premisa básica de experiencia en la vida. no la haya absorbido Josep Guardiola para reconocer de que su posibilidad de dejar la Champions League esta temporada con su Bayern de Múnich, tiene origen en lo que no se puede ver en la superficie.
 
Ante el Porto de Julen Lopetegui, el conjunto bávaro sufrió una categórica derrota en el Estadio O Dragao por 3-1, y es muy probable que si le da vuelta a la eliminatoria en su Allianz Arena camino a semifinales, el hecho se trate de todo un verdadero milagro. A juzgar por lo visto, con casi todas las herramientas para el análisis de lo ocurrido en Oporto, la escuadra bávara tendrá una tarea harto difícil para encarrilar una serie frente a los lusos porque en nada se le presenta como favorita.
 
 
Lo que me parece Guardiola, en su visión de lo sucedido, no alcanza a comprender, y es raro esto en el estratega catalán, descansa en lo yermo que puede ser un corazón germano en comparación a los latidos que emergen de uno de su tierra pequeña, Cataluña, amparada al reguardo emocional de la patria grande, España.
 
El entrenador del Bayern no sólo ha perdido a grandes figuras de su once titular para estas instancias, caso Javi Martínez, Bastian Schweinsteiger, Frank Ribéry, y Arjen Robben, casi nada teniendo en cuenta el potencial no sólo futbolístico sino además de liderato de tales nombres sino además, la idea motora por la que se rige un equipo alemán en el fuero interno de su alma.
 
El planteo futbolístico de Pep Guardiola puede no admitir discusiones por situaciones menores de un todo que tiene que ser, primordialmente, tenido en cuenta. Desde el privilegio en la posesión del balón, la lateralización de su juego, la búsqueda de espacios, hasta la diáfana entrega de sus hombres para gustar del fútbol no podemos poner escollos a su idea básica de juego.
 
Sin embargo sí argumento, con demasiada simpleza, que a un perro no se le puede hacer maullar porque no es un gato y porque si eso sucede entra en el capítulo de los milagros, tanto como si la entidad de la capital muniquesa se planta en semifinales de la Champions League a siete días vista sin recurrir a su propio corazón, con menos pasión de la que Guardiola exige de quienes indefectiblemente no la asimilan como él.
 
 

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