Horarios

Sáb.Jul.04 12:00 AM EDT
Mar.Jul.07 12:00 AM EDT
Mié.Jul.08 12:00 AM EDT
Jue.Jul.09 12:00 AM EDT
Sáb.Jul.11 12:00 AM EDT
Mar.Jul.14 12:00 AM EDT
Mié.Jul.15 12:00 AM EDT
Jue.Jul.16 12:00 AM EDT

Martín Onti: En el mundo de los ciegos

Con trampas o sin ellas, el objetivo es ganar hasta en el juego del solitario. El Bayern de Múnich acaba de obtener su octava Bundesliga consecutiva y hoy todo festejo es permisible en la capital bávara. Revisar data sería ahondar en la justificación de una supremacía deportiva, como la resultante del origen de tal dominio en Alemania por parte del ayer proclamado nuevamente campeón.

Hombre por hombre, el plantel de Hans-Dieter Flick no asombra de manera ostensible como para aplaudir la exuberancia futbolística. Ni su temible goleador polaco Lewandowski, ni su ahora cuestionado mejor portero en la ‘Die Mannschaft’, Neuer, tampoco el reconstruido en central austriaco Alaba, o el recuerdo ofensivo de un apellido histórico como Muller, han sido más importantes que la practicidad de Joshua Kimmich o el proyecto amenazante de Leon Gorezka para abrazarse a este último trofeo.

Puesto que esta comparación intencional concierne a las competencias nacionales, el paralelismo utilizado no trasciende mucho más allá de las propias fronteras físicas al recalcar esos títulos que siguen cayendo en las vitrinas del Bayern por el peso propio de su legado.

En Europa, últimamente la entidad muniquesa ha visto su poderío opacado por otras instituciones de mayor reconocimiento. Si debemos recapacitar sobre los logros de prestigio internacional de los hoy dirigidos por Hansi Flick, nos tendríamos que remontar a la temporada 2012-2013 -casi siete años atrás- para encontrar a un Bayern de Múnich vencedor de aquel triplete histórico, en el que obtuvo la Champions League, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes.

La última gran puesta en escena a nivel de consideración fue de la mano del célebre Jupp Heynckes y luego, sólo el ostracismo pareció ser el logro de los bávaros en la fase internacional, aunque de entre casa siguiera adjudicándose ensaladeras y copas locales por doquier.

Es verdad que no sería justo desmerecer lo hecho deportivamente por la entidad que hoy preside Uli Hoeness, no es ese el propósito, y menos desacreditar a sus buenos jugadores ni a los innumerables títulos de competencia interna que supieron conquistar. Pero sí es de tener en cuenta a la hora de los aplausos que si el tuerto mantiene una mínima compostura, siempre terminará reinando en el mundo de los ciegos.

Martín Onti

Tags: 

¡Obtén lo mejor de telemundo deportes!