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Sáb.Ene.16 5:00 PM EST
El boxeador filipino, campeón mundial en ocho categorías diferentes, ha invertido más de 600 mil dólares de su propio saquillo para construir 150 viviendas.

Martín Onti: KO de Manny Pacquiao

MADRID, España.- Hablando de poner a alguien fuera de combate, cuando el mundo entero sigue aún en estado de cierta incredulidad tras las elecciones estadounidenses a las que se hace difícil escapar en el pensamiento, nos llega la noticia reconfortante de que un golpe certero de Manny Pacquiao, en Filipinas, ha puesto un poco de cordura en este mundo recalcitrantemente descompuesto por el poder del dinero.
El boxeador filipino, campeón mundial en ocho categorías diferentes, ha invertido más de 600 mil dólares de su propio saquillo para construir 150 viviendas y dar albergue a personas sin hogar en Bales Village, en Maasim, la ciudad de su país en la que sirve como congresista, dando una muestra de su generosidad por el bien de aquellos que realmente lo necesitan.
 
Cuando trasladados al mundo de la comodidad económica que gozan en general los futbolistas del Viejo Continente, y uno ve los salarios exorbitantes que se pagan sumado a los gastos estrafalarios en que los deportistas incurren, no se puede no pensar en que algo está funcionando mal en nuestros sistemas y, sobre todo, en nuestras maneras de aceptarlos.
 
Esta semana, el Real Madrid de Florentino Pérez acaba de extender el contrato del portugués Cristiano Ronaldo a sabiendas de que desde lo futbolístico poca es la ventaja deportiva que podrá obtener como retribución a tamaña inversión que durará hasta el año 2021 al menos en la legitimidad que reza un papel escrito, firmado y sellado, quedando por encima de las pequeñas fortunas que cobran Gareth Bale y Álvaro Morata en la consideración de las sumas.

En el Barcelona se le renovará también su contrato a Luis Suárez. Acaban de hacerlo con Sergio Busquets y Javier Mascherano, y ya llegarán los de Neymar y Messi. Todos ellos bajo convenios económicos impensables para el bolsillo de la gente de a pie, personas entre las que se podría incluir a prestigiosos profesionales con misiones mucho más complejas que servir de cara al circo que trabajan por migajas.
 
Es así que al enterarnos de acciones tan loables como el altruismo de Pacquiao en su tierra natal, comparándolo con la demostración de opulencia que fanfarronamente hacen algunos jugadores de fútbol del Viejo Continente, uno no puede más que bendecir al pugilista filipino, hacer un respetuoso silencio, y llevarse las manos a la cabeza en señal de desconcierto absoluto.

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