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Martín Onti: La ruleta rusa

SILVERSTONE, Inglaterra.- Sólo el advenimiento repentino de la maldición de un juego como puede ser la ruleta rusa, pudo salvar a la Fórmula 1 de una situación más vergonzosa. Lo que vimos hoy en Silvestone, en el Gran Premio de Gran Bretaña, se ha parecido al cumplimiento de tamaño deseo para recuperar el interés en un deporte que, de continuar por esta senda, va camino al fracaso.
 
Cada espectador, cada aficionado, y ni qué contar acerca del personal involucrado, o cercano, a los equipos de la F1 actual, sabe de antemano exactamente lo que ocurrirá carrera tras carrera. No puede existir confusión alguna en la exactitud de los datos previos, más que para disfrazar un resultado final que no puede mostrarse extraño a nadie.
 
Los coches Mercedes Benz, pilotados por el inglés Lewis Hamilton y el finés Valtteri Bottas, son absolutamente imbatibles en la pista a menos que un cartucho se escape equivocadamente de la recámara de una pistola, esto, en la sorpresa que la ruleta rusa podría deparar si se apuesta al azar como signo de esperanza para contradecir una realidad. 
 
Hoy en Silvestone ni siquiera la salida de dos coches de seguridad en la primera parte de la prueba, pudieron darle ese interés que ha ido perdiendo esta competencia automovilística en el ámbito mundial. El acercamiento en las diferencias de tiempos que el Safety Car aportaba con sus entradas, los bólidos de Woking las aniquilaban irremediablemente pocas vueltas más tarde.
 
Sólo la incredulidad de lo inesperado -quizás esa bala no calculada al girar el tambor del revólver- le permitió a lo sorpresivo entrar en cuestión para meternos en territorio de ficción, sacando de competencia a Valtteri Bottas con un pinchazo a poco del final, regalarnos otro a Hamilton en la vuelta postrera y que, en la anterior, al neerlandés Max Verstappen se le ocurriera ingresar a boxes para cambiar neumáticos y poder marcar un ‘caprichoso’ como inservible récord de vuelta, desperdiciando así la posibilidad de un histórico triunfo en Gran Bretaña.
 
La ruleta rusa o, lo que es lo mismo, los juegos de azar, suelen entregarnos malas pasadas que, en este caso, ni así sirvieron para destronar la primera posición de alguien que, como Lewis Hamilton, continúa abonado casi por mandato divino a subir siempre al cajón más alto del podio en la F1, aunque sea en 3 ruedas.
 

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