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Martín Onti: La lenta muerte de la F1

BARCELONA, España.- En el mundo del automovilístico y aunque a usted le parezca increíble, se va perdiendo el antiguo interés para seguir las competencias de la Fórmula 1. Debe ser que Fernando Alonso vio llegar este momento y decidió ‘tomarse el pire’ antes de ser parte del propio velorio de la categoría madre del deporte motor camino al entierro definitivo que se vislumbra.
 
Tras cinco grandes premios cumplidos, la F1 es sólo un alejado recuerdo de aquellos días en que las ansias de interesarse por lo que ocurría a diario con las noticias y con la marcha de los dimes y diretes del gran paddock no tenía fin. Era estar durante la mayor cantidad de tiempo posible, tratando de buscar el postrero y simple chisme sobre la última noticia que hablara acerca de marcas, pilotos, o lo que mediase para mantenernos actualizados. Todo servía para acrecentar el interés.
 
La ilusión nos metía de lleno en averiguar -incluso a los que sabemos poco acerca de la Fórmula 1- cómo se podría robar una milésima de segundo al adversario, que neumáticos eran los aconsejables para cada ocasión, cuál alerón era el más aconsejable, las costumbres de los corredores, las charlas de evaluación de las escuderías, preferencias, estadísticas, y todo un gran etcétera de particularidades que engrandecían las competencias, o nuestros pensamientos sobre las competencias.
 
Pues bien, eso ya da la impresión de haberse terminado. Ahora todo parece quedar a tenor de si Mercedes Benz funciona o no. Si la casa de Brackley se digna a tener una buena actuación el éxito del circo tendrá cabida en los aficionados a la F1 y hasta cierto punto. Visto lo visto en Montmeló, en Barcelona, este pasado fin de semana, la situación no pinta muy favorable para entusiasmar a los habitúes al mundo del motor en esa dirección.
 
Como en meras pruebas de entre casa, Mercedes volvió a imponerse en el Gran Premio de España dejando al descubierto a las demás escuderías. La decepcionante muestra de acercamiento competitivo que se pretendía ejercer por parte de Ferrari no fue tal, y las virtudes de capacidades del resto de competidores que no están a la altura de las circunstancias, le permite a los de Toto Wolff ejercer un dominio con sus coches casi abrumador y hasta aburrido.
 
Ni Sebastian Vettel ni Charles Leclerc, de la casa de Maranello, pueden acercar disputa de cuidado a Lewis Hamilton y a Valtteri Bottas, aunque los Mercedes hayan estado en modo entrenamiento. En esa falencia de motores, y de nombres, estriba el pequeño poderío de Max Verstappen con su Red Bull, la nimiedad de prestaciones técnicas de McLaren en forma de impulso anímico por parte de Carlos Sainz y poco más es, en contrapartida, lo único rescatable que nos va dejando la F1 en este pobre inicio de temporada.
 
El Gran Premio de Mónaco se anuncia como el resarcimiento de un espectáculo automovilístico que solía ser indescriptible paseando su glamour por las calles del Principado, sin embargo, me inclino a pensar que sería bueno ir pensando en una mejor alternativa para el último fin de semana de mayo y no perder así un tiempo valioso para despuntar otros vicios.
 

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