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Foto: AP

Martín Onti: El Mortal Rosberg

VIENA, Austria.- La reacción ha sido inesperada para quienes no hayan sido parte de su circulo intimo. Seguramente a nadie en el planeta de la Fórmula 1 se le hubiese cruzado por la cabeza contemplar la decisión del piloto alemán Nico Rosberg. Tras su primera conquista en la categoría máxima del automovilismo mundial, el flamante campeón anunció, con efecto inmediato, su retiro del deporte que finalmente, y en la última competencia de Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes Unidos, le coronó como el mejor del mundo.
 
 
 
Sólo a partir de efectivizar su renuncia a la competición, ayer en la austríaca ciudad de Viena, uno se puede poner a escribir sobre los hechos con esa realidad de por medio que sus declaraciones autorizan para sacar claras conclusiones de una persona en estado de serenidad tras el hartazgo.
 
Sabemos con certeza de las presiones a que un deportista de elite está expuesto; intuimos que las espeluznantes cantidades de dinero que embolsan por subirse a estas máquinas de vértigo, está medianamente justificada por esas exorbitancias económicas que marean de sólo escucharlas; debemos aceptar las reglas de un juego que no es particularmente el nuestro, más allá de escribir sobre ello e informar acerca de lo superficial y lo más trascendental; y, muchas veces, aprender a callar el sentimiento que se mueve contenido bajo las primeras capas de la piel.
 
 
Ayer, sin embargo, Nico Rosberg, el flamante Campeón de la F1 de esta temporada, nos ha dado una mano alentadora para poder expresarnos a favor de esa gente que muchas veces debe hacer un silencio exigido para no desequilibrar las reglas establecidas por el establishment que preside el eterno Bernie Eclestone.
 
Rosberg a sus jóvenes 31 años, ha decidido dejar el deporte que le dio esta gran alegría, no sin llevarse a cambio un sin número de tristezas, de frustraciones, y de sinsabores a lo largo de su carrera en el automovilismo.
 
A partir de este momento, como él bien lo dejó claro en la gala de campeones de la FIA, no será más parte del circo de la F1, de ese ‘Circo’ que debe acatar las normas que establecen quienes pagan el derecho a ser los que establezcan las leyes, a callar las voces que pretenden quejarse por la injusticia que en otro tiempo fue justicia, y a decidir, en base a lo económico, cuándo, cómo y dónde una marioneta puede tener sentimientos.
 
Nico Rosberg, con su ansiado y merecido título a cuestas, ha regresado al mundo de los mortales para volver a sentirse uno más entre los que, a pie, disfrutamos de los esenciales placeres de la vida.
 
 

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