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Hay circunstancias que nos permiten comparar formas de ser, maneras de actuar y en definitiva, comprobar la esencia propia del ser humano.

Martín Onti: El miedo controlable

MADRID, España.- Hay situaciones que pintan a las personas y existen hechos que demuestran actitudes tan similares como dos gotas de agua, circunstancias que nos permiten comparar formas de ser, maneras de actuar y en definitiva, comprobar la esencia propia del ser humano.
 
 
Este fin de semana pasado se llevó a cabo el Gran Premio de la República Checa de moto GP en Brno bajo una lluvia que había dejado el circuito en condiciones de difícil conducción. El británico Carl Crutchlow triunfó por delante del italiano Valentino Rossi y del español Marc Márquez, con el actual campeón de la categoría, el mallorquín Jorge Lorenzo, llegando en la última posición, doblado por todos sus rivales.
 
Mientras esto sucedía en pleno 2016 en una competición de motos, la similitud de los hechos, aunque en diferentes deportes, me trasladó 40 años atrás en el túnel del tiempo a la F1, más concretamente al ya por entonces obsoleto trazado alemán de Nurburgring, donde el austriaco Nikki Lauda luchaba por el título con el excéntrico inglés James Hunt. Lauda tuvo allí el peor accidente de su carrera donde a punto estuvo de perder la vida. Sin embargo, tras retornar valientemente a la competición apenas seis semanas más tarde, terminó perdiendo por un punto el título mundial del 1976 a manos de Hunt cuando el austriaco abandonó en la segunda vuelta del Gran Premio de Japón amedrentado por la intensa lluvia que azotaba el circuito nipón.
 
 
Esta decisión, que podría haber sonado a cobarde, no hizo más que confirmar la característica principal de la fuerte personalidad de Lauda. El hecho de hacer lo que creyó era correcto sin importarle lo que los demás pensaran, le llevó a ser Campeón Mundial nuevamente al año siguiente, en 1977, y una vez más en 1984 cuando consiguió su tercer título antes de su retiro definitivo.
 
Lauda nunca negó el pavor de aquella ocasión, ni lo intolerable de ese terror entre las llamas de Nurburgring, como tampoco la lucha por superarlo y la felicidad de haberlo logrado… algo parecido a lo que supuestamente puede estar ocurriéndole a Jorge Lorenzo tras una temporada de caídas, decepciones, pérdidas y cambios, donde la lluvia podría haberse disfrazado de miedo en ese su particular infierno dibujado en la tarde de Brno.
 

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