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Martín Onti: Ídolos de Barro

MADRID, España.- Sea donde sea que se encuentre uno en el mundo, las noticias trascienden rápidamente y en cuestión de segundos se sabe qué se dijo, o se hizo, del otro lado del planeta. El futbolista argentino Carlos Tevez no deja de sorprender, y sorprenderme, con declaraciones incomprensibles desde el punto de vista lógico que tiene una persona con el sentido común que exige el siglo XXI.

En su regreso a Argentina, el nuevamente futbolista del popular Boca Juniors se ha despachado estos días, después de su menos que mediocre paso por el fútbol chino, con comentarios que dejan al descubierto el agujero negro que existe en este deporte con jóvenes sin preparación adecuada y en un medio que necesita ejemplos para aferrarse a la supervivencia, sobre todo en un país acostumbrado a mirarse en el espejo de sus ídolos deportivos como el sudamericano.
 
En un medio de comunicación argentino, Tevez ha descubierto esta pasada semana sus pensamientos íntimos con respecto a su acotada educación y, por ende, ha dejado claramente establecida su forma de ver las relaciones humanas. En las mismas, sentencia la homosexualidad como si esta se tratase de una peste a la que no hay que acercarse desde la convivencia con otros seres humanos.
 
Con una visión de un machismo recalcitrante, impropio de los tiempos en que vivimos, Carlitos, "el hombre del pueblo", ha sentenciado a su hijo a recorrer un camino similar al suyo en su homofobia declarada sin importar en qué ambiente su pequeño vástago se desenvuelva allá donde quiera que se encuentre.
 
Pero esto, si bien en la superficie demuestra primordialmente la tristeza de tener que aceptar a gente como Carlos Tevez -que encima se atreve a hablar de política aprovechando su condición de figura popular- no es el problema que debe preocupar a la gran mayoría de la gente con sentimiento, sino el mensaje confuso que arroja el delantero de Fuerte Apache hacia una gran cantidad de seguidores que, al igual que él, viven en una eterna confusión de lo que significa la verdadera condición humana.
 
Este tema es, sin lugar a dudas, difícil de abordar por las limitaciones de gente que no está preparada para ejercer de voceros de la sociedad. Su condición de personajes públicos tiene una importancia capital que tendría que ser controlada de algún modo y no fagocitarlo desde la conveniencia de algunos infames influyentes que encienden a pobres jugadores como Carlos Tevez cuyo único pecado, en el fondo, es ser un buen jugador de fútbol devenido en ídolo consagrado por pegarle a un balón.
 
Martín Onti
 

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