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Messi no es solo el culpable

Martín Onti: Incomprensiones

Suele suceder en un hastiado mundo de incomprensiones que hechos como los que se viven tras la derrota de Argentina ante Chile en la final de la Copa América 2015, dejen al descubierto conductas como las que el mismo pueblo argentino se empecina en enmarcar. Las culpas caen sobre el perdedor, sobre jugadores que no pudieron esta vez satisfacer la felicidad inmediata que siempre se exige desde una grada en constante demanda de conformismo, al precio que sea.

La caída del conjunto albiceleste dirigido por Gerardo Martino tiene sus lógicas y fundamentadas explicaciones, y con ello se debería eximir las culpas que arremeten contra Lionel Messi, en quien todos hacen hincapié para dejar sus atormentadas almas en cierta armonía con sus patéticos días.

El argentino, como muchos otros pueblos, tiene la debilidad de buscar culpables directos y fáciles de localizar, y mientras más cercanos éstos se encuentren más se acercan a la vagancia de buscar las justas razones para poder sentirse a gusto y limpiar esa culpa eterna que se lleva adentro. Siempre es más placentero desquitarse con el más cercano sin hacer autocrítica, porque ésta lleva implícita destapar verdades dolorosas y no siempre fáciles de digerir. 

El reflejo de situaciones de la vida diaria bien pueden ser trasladadas al deporte por excelencia de una nación como Argentina, para descubrir que la falta de conquistas asume una reacción enajenada desde la gran mayoría de los medios, el deportivo más que nadie, y en contra del elemento más visible y representativo, su capitán Lionel Messi.

Es sorprendente observar como estas constantes se repiten en la gran mayoría de los casos, porque convengamos que esta no es la primera vez que Argentina pierde una final en los últimos años, sino que es ya la tercera, y que nos conduce a darnos cuenta de que el patrón de actos tiene el mismo denominador común.

A lo mejor lo suyo sería reparar en que el seleccionado bicampeón del mundo tiene errores más graves en la conducción, fallos que llevarían implícito un mayor compromiso con el trabajo y la insatisfacción de lo que hay a día de hoy; de que la elección de protagonistas no es la que se impuso desde el capricho exponencial; de que el sistema de juego no era el acorde para enfrentar a una aguerrida Selección de Chile; y menos aún haber desestimado que con 40 mil seguidores alentando sin parar, con una esencia muy disímil a la prepotencia, iba a ser muy difícil llevarse una Copa América que queda merecidamente en muy buenas manos hasta la próxima edición.

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