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Martín Onti: Concesiones en París

PARÍS, Francia.- En el FC Barcelona lo intentaron pero el medio regidor del club no se los permitió. Conviene para explicar esto, traer a la memoria que, en febrero del 2014, Dani Alves y Thiago Alcántara festejaban ante el Rayo Vallecano el quinto gol culé danzando una samba con desparpajo cuando el capitán de aquel entonces, Carles Puyol, les censuró la exageración de la celebración que podría ser entendida como una ofensa por el rival.

A partir de allí se convino, al menos entre la entidad catalana y sus futbolistas brasileños, que las actitudes pasan a ser un común denominador de un comportamiento humano que, cuando no es aceptado por el entorno, se transforman en una reacción de difícil comprensión y aceptación por parte de quienes no profesan las mismas costumbres.

Lo sucedido en aquella oportunidad en el campo de Vallecas, cuando ya el Barça goleaba y ese festejo sonaba a la burla que quiso acallar Puyol, es la base de un análisis para entender las razones de tradiciones conceptuales que condenan en cierta manera a los extranjeros, brasileños en este caso particular, a vivir en una especie de ghetto condenado a actuar dentro de las normas del lugar o ser incomprendidos por su libertad absoluta de expresarse.

Habrá que aceptar, en esta oportunidad, que Dani Alves y Neymar Jr. son parte de esta introducción que hago para comprender a su vez lo que esta semana ha sucedido en el seno del PSG donde se desenvuelven ambas figuras. Ellos protagonizaron una escena de atropello autoritario -por llamarle de alguna forma- contra el uruguayo Edinson Cavani, impidiéndole ejecutar situaciones del juego que antes eran de su autoría y que hoy ya no le pertenecen más por una soberanía implícita tras la llegada de ‘Ney’ que sólo el charrúa parece no comprender.

No es utópico pensar, retrocediendo unos meses en el tiempo, que la actitud de Alves y Neymar haya pasado por el eje de satisfacer esa esencia de la que hablamos, poniéndose de acuerdo para emigrar al conjunto galo. Sus compatriotas ya desempeñándose en el PSG -desde Maxwell en la directiva, Lucas Mouras, Thiago Silva, Marquinhos y Thiago Motta como integrantes de la amplia plantilla parisina- habrían sido la razón de esta unión de una ‘Scola do Samba’ concesionada en la capital francesa.

Una explicación llena de lógica, analizando las formas de ser de los pueblos, cuando la emigración se excusa satisfaciendo razones viscerales en detrimento de lo que socialmente resulta aconsejable hacer. Nada de malo tienen ciertos comportamientos naturales si estos no van de la mano de una desaconsejada soberbia, y ese parece ser precisamente el centro de la queja del goleador uruguayo en París.

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