Martín Onti: La dignidad de los templarios croatas

MADRID, España.- Croacia podría llevarse, al menos, el premio a la dignidad futbolística con mayor merecimiento que cualquiera de sus oponentes en esta Copa del Mundo. Con una menor capacidad hombre por hombre con respecto al otro merecido finalista, Francia, los de Zlatko Dalic han arribado a una instancia histórica para su país con connotaciones que aumentan el valor de esta gesta.
 
A los equipos de fútbol se los puede definir de muchas maneras. Se puede catalogarlos desde diferentes ángulos para precisar cuál es el punto más sobresaliente y de acuerdo a ello puntualizar su poderío. Esto no sólo sirve para un análisis periodístico sino, sobre todo, para que los demás estrategas puedan comprender qué planteo de juego sería el más útil para vencerlo.
 
En eso consistió el error de Gareth Southgate, en no leer el todo de su compromiso frente a los croatas y quedarse sólo con las partes del juego. Inglaterra pagó cara su dejadez, para terminar derrotado ante un cúmulo de capacidades grupales e individuales puestas al servicio de un clan indivisible, aún hasta en el límite mismo del agotamiento físico, cuando el oxigeno deja de ayudar al cerebro con directrices eficaces.
 
Croacia, para aquel que no lo recuerda, inició este periplo mundialista con una férrea disciplina desde la conducta interna del vestuario. El respeto por el compañero con que Dalic guió a sus hombres desde su llegada a Rusia, fue el resultado de este honorable acceso al partido que todos querían jugar. Un proceder ejemplar fue la muestra de una identificación que, aunque compleja para explicarla aquí, tiene su esencia en la historia de un pueblo acostumbrado a la superación como denominador común.
 
Todo está tan conectado en el seleccionado de Zlatko Dalic, que la dignidad que ha mostrado el conjunto balcánico a los largo de este torneo queda expuesta tácitamente. Ni siquiera es pertinente para nosotros, desde el atrevimiento de nuestra opinión, destacar el silencio y la humildad de su estratega en la mención de una exposición privada e innecesaria.
 
Se le ganó a Inglaterra no sólo porque los inventores de este juego perdieron la humildad tras la primera parte en que se imponían justificadamente, si no porque la suma de memoria, entereza, valentía y efectividad del grupo, superó las circunstancias adversas sin importar que su estrella y capitán, Luka Modric, estuviese literalmente exhausto, agotado y al borde de la imposibilidad mental de conducir a sus inagotables templarios dentro del terreno de juego.
 
Así se impuso Croacia a Inglaterra en el estadio Luzhniki de Moscú, allí, en ese mismo escenario donde el venidero domingo volverán para enfrentar al candidato de la inmensa mayoría, la Francia del ‘napoleónico’ Didier Deschamps.
 

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