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Martín Onti: La casa de los horrores

Si en cualquier casa, en cualquier hogar, los padres otorgan libre albedrío al menor de sus hijos para hacer y deshacer a su antojo, pensaríamos con toda la razón del mundo que algo anda decididamente mal. Por ley natural de vida, en el ambiente que sea, si este escenario se presenta como real, la irremediable hecatombe final está asegurada.

Mucho de esto ocurre en el Real Madrid esta temporada. Si quien debe asumir la responsabilidad de tirar del carro de un equipo diezmado mentalmente para sanear un espíritu colectivo devastado es un juvenil de apenas 18 años, deberíamos tener en cuenta las palabras de un amigo que solía decir: Apaga y vámonos!

Detallando los hechos desde un punto de vista donde la adultez es necesaria para la comprensión de lo que sucede en Chamartín, se pueda explicar con claridad este fenómeno. Para empezar, Vinicius Júnior, que es el juvenil en cuestión del que hablamos, bajo ningún aspecto puede ser el líder de un grupo de hombres mayores, consolidados en estas lides, con vasta experiencia por castigo tras muchas temporadas en esta profesión y, además, marcados por la fuerte historia de este club.

Así expuesto el tema, no entra en ninguna cabeza pensante, al menos de quienes hace mucho tiempo estamos en esto, que los Sergio Ramos, Toni Kroos, Rafael Varane, Luka Modric, por citar a los que más ‘jinetas’ sostienen sobre sus hombros, deban petrificarse ante el peligroso ‘entusiasmo’ que demuestra el joven atacante brasileño, al punto de admitirle que sea él quien motiva a las gradas del Santiago Bernabéu con gestos de caudillo.

No destaco esto porque Vinicius haga mal en dar rienda suelta a sus sentimientos, a sus lógicos impulsos, a esa sensación de mostrar el camino que otros no ven o no pueden ver, y a esto me quiero referir. El carioca lo hace porque simplemente nadie atisba a hacerlo en medio de una pasmosa y preocupante serenidad, que no es otra cosa que parte de un estado de consensuada parsimonia.

No hay maldad ni mal proceder en los hombres de Santiago Solari, sólo una mediocridad manifiesta de la gran mayoría de los jugadores, quienes han arribado a un punto de difícil retorno a la normalidad. El Real Madrid se ha acostumbrado a ganar tanto, que ese desgano se ha transformado en un aburguesamiento de marcado perfil conformista. 

Pocas cosas pueden interesar ya a hombres sin hambre de una gloria suprema y es por eso que un ente extraño, Vinicius Júnior en este caso, aparece con toda su juventud, y lo que ella implica, sumando aciertos y desaciertos que transforman lo sublime de un escenario como el Santiago Bernabéu, en una verdadera casa de los horrores.

Aún así, lo generoso del fútbol es que este próximo sábado el mismo entorno, el mismo adversario, las mismas circunstancias de un juego y las disímiles consecuencias de un resultado, le brindarán una nueva oportunidad al Real Madrid ante el FC Barcelona de Ernesto Valverde.

Martín Onti

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