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El valor de ganar el oro olímpico en el fútbol

CIUDAD DE MÉXICO.- Citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte), este fue el lema propuesto por por el Barón Pierre de Coubertin en la creación del Comité Olímpico Internacional (COI) en 1894, organismo que dos años más tarde le daría vida a los Juegos Olímpicos de la era moderna.

Dichos principios eran una invitación a dar lo mejor de uno mismo, pero no necesariamente para ser el primero, ya que en ocasiones a éste sólo se le premia con una medalla que, con el paso de los años y ante el gran número de deportes en que se compite en una justa olímpica, las preseas terminan formando parte de un largo recuento que no trasciende, pues la historia que hubo detrás para ganarlas se convierte en letra muerta a la que únicamente se recurre cada cuatro años para revivir instantes gloriosos congelados en el tiempo.

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En algunos deportes como el fútbol, ganar una medalla de oro en Juegos Olímpicos es llegar a la cima de un proceso, que en la mayoría de los casos no tiene segunda parte, toda vez que son muy pocos los países que luego de cuatro años han logrado refrendar la hazaña, pero son todavía menos los que, a dos años de ser campeones olímpicos en el balompié, logran ganar una Copa del Mundo, torneo que por la magnitud de naciones que  compiten y porque no se limita la edad de los jugadores participantes, sería el mayor objetivo a conseguir después de ser campeón olímpico.

Los primeros Juegos Olímpicos auspiciados por el COI se efectuaron en Atenas, Grecia, en 1896. Sin embargo, no sería sino hasta 1908, en la justa celebrada en Londres, Inglaterra, cuando se realizó el primer torneo oficial de fútbol con seis países participantes y todos ellos la medalla de oro fue para Dinamarca. Posteriormente, en las ediciones del torneo en 1908 y 1912, la presea dorada fue para Inglaterra. Bélgica ganó el oro en 1920 y Uruguay se lo adjudicó en 1924 y 1928. Hasta aquí, el objetivo de cada edición era que el mejor equipo olímpico tratará de refrendar su hazaña cuatro años después. Sin embargo, a partir de 1930, con el surgimiento de la Copa del Mundo, el torneo olímpico de fútbol se convirtió en la antesala de un certamen que, con el paso de los años, representa jugosos ganancias económicas para sus participantes que van más allá de una presea de oro.

Desde los Juegos Olímpicos efectuados en Londres 1908, hasta los más recientes de 2012, también celebrados en la capital del Reino Unido, sólo cuatro países han logrado repetir la hazaña de conquistar un oro olímpico en el balompié de una edición a otra: Inglaterra (1908 y 1912), Uruguay (1924 y 1928), Hungría (1964 y 1968) y Argentina (2004 y 2008).

Llama también la atención que de todos los países que se han proclamado campeones olímpicos, compitiendo dos años después en una Copa del Mundo, sólo Uruguay, en 1930 y Italia, en 1938, han podido conquistar el torneo más importante a nivel de selecciones avalado por la FIFA, dejando en claro que ganar una medalla de oro olímpica, en casos verdaderamente excepcionales, garantiza ser campeón del mundo.

Otro dato que resulta muy significativo es que los únicos dos países africanos (Nigeria y Camerún) que han  ganado el oro olímpico en el fútbol, en las ediciones de 1996 y 2000, respectivamente, se quedaron muy lejos de siquiera pensar en levantar la Copa del Mundo en los torneos de 1998 y 2002.

Aunque en la actualidad algunas federaciones premian a sus selecciones por ganar una medalla, éste incentivo resulta casi honorífico con relación a lo que perciben en sus clubes o cuando conquistan un Mundial.

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