Palmacci, el emblema italiano

Palmacci, el emblema de Italia en la playa desde 2006

ESPINHO, Portugal.- De vez en cuando, en la concentración de la selección italiana de beach soccer, los jugadores empiezan a preguntarse unos a otros: “¿Cuántos Mundiales has jugado ya?”. Y las respuestas enseguida se suceden: “¿Yo? Uno solo”. “Yo, ninguno. El de Portugal va a ser el primero”.

Y todo es una forma sistemática de bromear con Paolo Palmacci. Por su edad, este atacante no destaca especialmente como veterano del plantel, ya que hay otros cuatro jugadores que tienen también 31 años. Sin embargo, el máximo goleador de la historia de Italia en el beach soccer ha sido testigo privilegiado del crecimiento de la modalidad en su país a lo largo de la última década: se estrenó en el certamen en 2006, en Río de Janeiro, y la edición de Espinho supondrá su sexta participación. Durante este tiempo, ha asistido a importantes cambios en la Azzurra.

“Recuerdo muy bien nuestro primer partido, en 2006, contra Bahréin. Si pienso en lo que era nuestro equipo en aquel momento y en lo que es ahora, la verdad es que ha cambiado todo”, cuenta el italiano en declaraciones a FIFA.com. “Y lo cierto es que no solo ha cambiado nuestro equipo, sino el deporte en sí: antes, la técnica marcaba más diferencias. A día de hoy, si no se tiene la preparación física al 100% será imposible competir. Me di cuenta de este cambio hace unos cinco años. Y en mi opinión es consecuencia de la selección rusa y del éxito que ha tenido. Todos se han visto obligados a adaptarse”.

Una evolución diferenciada 

En el caso concreto de Italia, esa evolución ha ido acompañada de factores estructurales: en los últimos años, la Asociación Italiana se ha implicado todavía más en la organización de la selección, y el nivel y el profesionalismo de la liga nacional de beach soccer han aumentado. El resultado son unas mejores condiciones de trabajo para el seleccionador, Massimiliano Esposito.

“Que la liga crezca y se organice es importante para que yo, como entrenador, pueda buscar nuevos talentos que incorporar a la selección”, afirma Esposito, él mismo integrante del combinado nacional en los Mundiales de 2009, en Dubái, y de 2008, en Marsella, en el que Italia fue subcampeona, tras caer frente a Brasil en la final.

En Portugal, los italianos transmiten toda la impresión de contar con recursos suficientes para repetir una campaña como aquella. O quizás no repetirla, sino alcanzar el éxito por otro camino. “Este conjunto de 2015 es muy diferente del de 2008”, explica Esposito. “En aquella ocasión, había jugadores de talento, pero cada uno actuaba por su cuenta, en función de sus características. Este es un equipo que se ayuda, en el que todos juegan los unos por los otros, un equipo con identidad y con jugadas ensayadas. Somos más competitivos”.

 

Al recordar la evolución que él ha visto de primera mano, Paolo Palmacci también observa diferencias respecto a aquel equipo finalista. Y se entusiasma con ellas. “En 2008 nosotros éramos la revelación. Hoy no: somos conscientes de nuestro potencial, sobre todo después de la medalla de plata conseguida en los Juegos Europeos de Bakú”, asegura el delantero, refiriéndose al torneo disputado hace unos días en Azerbaiyán, en el que los italianos llegaron a derrotar en la fase de grupos a Rusia, campeona de los dos últimos Mundiales, antes de perder una reñida final por 3-2. “Yo he formado parte de varios planteles distintos de la Azzurra y puedo garantizar que este equipo es potente. Mucho”.

Y los recientes resultados justifican el sueño de Palmacci de poder contestar afirmativamente, dentro de dos semanas, a otra pregunta junto con sus compañeros: “¿Cuántos Mundiales has ganado ya?”.

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